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La moneda china de la dinastía Ming

La moneda china de la dinastía Ming

Por José Ramón Vicente Echagüe

La llegada al poder de los Ming supuso el retorno de una dinastía autóctona china al trono imperial tras décadas de ocupación y explotación por parte de unos mongoles que ya habían perdido el empuje guerrero de antaño. Se mantuvieron en el poder durante casi 300 años, durante los cuales se pusieron en práctica políticas de recuperación económica y expansión diplomática y territorial que en muchos sentidos devolvieron a China su prestigio en la esfera asiática.

La moneda de cobre, sin embargo, no conoció el esplendor de épocas anteriores, al tener que co-existir con otras formas de dinero como los lingotes de plata o el papel moneda. La emisión de moneda Ming fue por tanto discontinua y en muchos casos escasa, aunque presenta una serie de características propias que hacen de ella un objeto de estudio independiente.

Mapa de China c. 1580 (fuente: Wikipedia).

Las primeras medidas tomadas por Zhu Yuanzhang, que adoptó el nombre de reinado de Hongwu y estableció la capital en Nanjing en 1368, iban encaminadas a la reconstrucción de un país asolado por el conflicto y la deficiente administración de los Yuan. Hongwu puso el foco sobre la agricultura, tradicional motor de la economía china, apostando por el aumento de la productividad y de la extensión de las tierras cultivables, así como reconstruyendo sistemas de irrigación y creando nuevas infraestructuras. Asimismo, se impulsó una política de facilidades para los agricultores, como la suavización de los impuestos, la transferencia de tierras o la distribución de créditos para la roturación. Si durante la era Song los ingresos principales habían provenido de las actividades comerciales, durante la era Ming vendrían de la agricultura.

La organización administrativa se inspiró en modelos de dinastías anteriores, con la adopción de los ministerios de Finanzas, Función Pública, Ritos, Ejército, Justicia y Obras Públicas. La diferencia principal radica en que ahora pierden autonomía frente a un emperador que va adoptando tendencias cada vez más autocráticas, que en el caso de Hongwu se manifiestan en purgas periódicas entre el funcionariado llegando incluso a su círculo más cercano. Asimismo, estableció una Dirección General de los Cinco Ejércitos que le aseguraba un control más estrecho del estamento militar, apoyado en un ejército profesional. Se crearon cuerpos de policía política, responsables de detectar cualquier conducta sospechosa dentro del funcionariado que no hizo sino disminuir la eficacia del mismo, ya que era preferible la inactividad a la posibilidad de ser tachado de traidor. En este contexto, no es de extrañar que los eunucos fueran copando cotas más altas de poder frente a los tecnócratas, hasta hacerse virtualmente los amos de China.

Moneda hong wu tong bao (1368-1398).

Las primeras décadas de la dinastía Ming estuvieron marcadas por la expansión territorial y diplomática. No sería hasta 1387 cuando se completaría la unificación del país y la expulsión definitiva de los mongoles. Tras la muerte de Hongwu en 1398, el emperador Zhu Di, que adoptó el nombre de era de Yongle, se adentró en el norte ocupando Manchuria hasta la desembocadura del Amur. En el lado opuesto del país, unos 5.000 Km al sur, ocupó el reino de Dai Viet, en el actual norte de Vietnam. Igualmente, trató de recuperar influencia en Asia Central frente a los mongoles controlando los reinos de Huami y Turfan, claves en el control de la Ruta de la Seda, y estableciendo relaciones con Tíbet, convertido en un socio comercial de gran importancia. En cualquier caso, la era de Yongle (1403-1424) será recordada como la de las expediciones marítimas del eunuco Zheng He por todo el Océano Índico llegando al Golfo Pérsico , el Mar Rojo y las costas de África Oriental, casi un siglo antes de la época de los grandes descubrimientos protagonizada por portugueses y españoles.

Moneda hong wu tong bao de 10 cash (1368-98). El valor 10 aparece en la parte de abajo del reverso (Cast Chinese Coins, D. Hartill).

En este contexto de recuperación y expansión tuvo un lugar destacado la revitalización en la emisión de moneda y en la adopción de diversas formas de dinero alternativas. Durante las primeras décadas de los Ming en el poder se trató de volver a niveles de producción de piezas de cobre de épocas anteriores, aunque la discontinuidad en este aspecto sería una característica de la dinastía en sus casi 300 años de duración. Por lo general, los caracteres de las monedas, además del habitual tong bao (moneda en circulación) a derecha e izquierda, reflejarán un título imperial por emperador, y solo en contados casos los caracteres se referirán a su nombre propio. Asimismo, contarán muchas veces con la marca de la ceca en el reverso así como con el numeral que indique su valor de 1, 2, 3, 5 y 10 cash, normalmente acorde con su peso y tamaño. Las monedas de 1 cash trataban de ajustarse al peso de 1 qian, es decir, la décima parte de un liang o tael de 36 grs. de peso.

Moneda yong le tong bao (1403-1424).

No obstante, la moneda Ming siempre tendría que competir frente a otras formas de dinero que a la larga le harían perder relevancia y prestigio. Por un lado, la emisión privada no oficial de moneda, que lógicamente afectaba a la calidad y el valor real de las piezas. Dos, el recurso a la emisión de papel moneda por parte del estado con el mismo resultado que en épocas anteriores, es decir, devaluación rápida y actuaciones abusivas de las autoridades para fomentar y mantener su utilización. Y tres, el uso cada vez mayor durante el siglo XV de los lingotes de plata, que triunfaron netamente sobre las demás formas de dinero, ya que se convirtieron en la forma preferida de pago para las transacciones comerciales y los impuestos. De hecho, durante el reinado del emperador Xuan Zong (1426-1435) se interrumpió la emisión de moneda de cobre, que no sería retomada hasta casi siete décadas después.

Repliegue y decadencia de los Ming

El siguiente periodo dentro de la era Ming estuvo marcado por el fin de las actividades expansivas y el repliegue tras el reinado de Yongle, así como por una progresiva decadencia. La intensa actividad diplomática y exploradora de Zheng He se interrumpió súbitamente en la década de 1430 por causas que seguramente obedecían a la atención a otras prioridades, y al hecho de que se consideraban cumplidos los objetivos diplomáticos y tributarios de estas misiones. Lo cierto es que a partir de este momento las autoridades chinas van a centrarse en el norte, lugar donde las tribus mongolas comienzan a poner en serios aprietos a las tropas imperiales llegando incluso a hacer prisionero al emperador en 1449. Es significativo que a partir de este momento la capitalidad del estado pasara enteramente a Beijing, lejos de los tradicionales centros de poder político y económico, siempre situados más al sur.

Puede afirmarse que el desmantelamiento de la impresionante flota que había protagonizado las expediciones de las primeras décadas del siglo XV sentó las bases de lo que sería uno de los mayores quebraderos de cabeza a los que se enfrentó la administración de los Ming: la actividad de los llamados “piratas japoneses” en las costas chinas que alcanzaría su zénit a mediados del siglo XVI. La propia actitud de las autoridades, normalmente restrictivas y excesivamente controladoras en las transacciones comerciales así como el deterioro económico general del país durante el siglo XVI llevaría a chinos de toda condición (particulares, comerciantes e incluso funcionarios) a participar en actividades de contrabando y pillaje en abierto desafío a sus propios gobernantes, contribuyendo así al desprestigio cada vez mayor de la dinastía.

Ilustración de lingote de plata empleado como forma de pago en China, de aproximadamente 30 gr. de peso (Early World Coins, R. Tye).

Económicamente el siglo XVI chino presenta luces y sombras. Por un lado, se experimentó un considerable aumento de la población (llegando a aproximadamente 100 millones de habitantes a finales de siglo) gracias a las medidas puestas en marcha por los primeros soberanos de la dinastía Ming, concretamente en el terreno agrícola. Es una época en que a los cereales tradicionalmente cultivados (arroz, sorgo y mijo) se unieron cultivos de tipo industrial (algodón, tabaco, té) y las nuevas plantas traídas del continente americano como la batata o el cacahuete. Industrias como el textil o la porcelana conocieron un momento de auge y los comerciantes supieron en muchos casos burlar las restricciones estatales al comercio exterior. No obstante, durante esta etapa China volvió a caer en antiguos vicios que mermarían considerablemente su crecimiento. En la corte el poder de los eunucos, más interesados en su propia posición que en asuntos de estado, fue acrecentándose mientras se disparaban sin control los gastos suntuarios. Las tierras bajo la propiedad de los nobles crecieron en detrimento de los campesinos, con la desventaja añadida de que los que poseían tierras veían aumentadas sus cargas tributarias. Los gastos militares aumentaron también considerablemente para hacer frente a la amenaza mongola en el norte y a las actividades de piratería en las costas, sin que ello se tradujera en avances significativos. Y al mismo tiempo, los europeos fueron tomando posiciones progresivamente en la esfera de influencia china en el Océano Índico y el Sureste Asiático: los portugueses obtuvieron permiso para establecerse en Macao en 1557, los españoles se asentaron en Filipinas en 1564-65, mientras los holandeses llegaban a las costas de Taiwan en 1624 y los ingleses a Cantón en 1637.

La moneda china durante los siglos XV- XVI

Como se ha indicado más arriba, a partir de 1435 no fue necesaria la emisión de moneda de cobre en China, y ésta no se retomaría hasta 1503, y de forma muy discontinua durante todo el siglo XVI. Lo cierto es que durante este periodo fueron los lingotes de plata los que se impusieron no solo frente a las piezas de cobre sino también frente al papel moneda, cada vez más desprestigiado. Al igual que en épocas anteriores el empleo del billete degeneró en rápidas devaluaciones y una general pérdida de confianza por parte de sus usuarios. Si al principio de la dinastía Ming el valor del billete había quedado fijado en 1000 piezas de cobre y un liang (36 grs.) de plata, pocos años más tarde valdría cuatro veces menos y en 1445 llegaría a costar mil veces menos que el liang de plata. Con todo, los billetes seguirían circulando hasta 1573, pero su emisión se detendría a mediados del siglo XV y se reanudaría en muy contadas ocasiones. Tras la dinastía Ming los manchúes considerarían el papel moneda como sinónimo de mala administración económica, con lo que no volverían a verse billetes en China hasta mediados del siglo XIX. Con todo, los billetes Ming constituyen hoy en día el papel moneda más antiguo al que pueden acceder los coleccionistas de notafilia, si bien a precios normalmente muy elevados.

Billete de época Ming, c. 1375 (Standard Catalog of World Paper Money, G. S. Cuhaj).

Los lingotes de plata dominaron las transacciones comerciales y el pago de impuestos durante la mayor parte del periodo Ming. Su uso se comenzó a generalizar durante la segunda mitad del siglo XV, momento en que se empezaron a pagar en plata los tributos de las provincias y las tasas que eximían a determinados grupos de realizar trabajos obligatorios. La importancia de la plata aumentaría aún más en el siguiente siglo con la introducción de piezas de plata procedentes de América, una de las consecuencias de la creciente influencia española en Asia. De hecho, durante el siglo XVI se llevaron a cabo importantes reformas que tenían como fin la simplificación de las políticas fiscales pero en la práctica asumían el empleo generalizado de lingotes. El “método del latigazo único” consagraba la supremacía de la plata ya que establecía que casi todos los impuestos y tasas debían pagarse en este metal. Pese a que estas reformas trataban de evitar abusos terminaron introduciendo otros nuevos, pues por lo general los más desfavorecidos salían perdiendo al cambiar sus piezas de cobre por plata y muchos funcionarios impusieron arbitrarias “cargas de fundido” con la excusa de verificar la pureza de la plata.

Decadencia final y caída de los Ming

Pese a encontrarse en una situación de decadencia generalizada, China experimentó una cierta recuperación a finales del siglo XVI. Durante el reinado del emperador Wanli (1573-1619) su ministro Zhang Juzhong adoptó una serie de reformas encaminadas a recuperar el terreno perdido tratando de controlar los niveles de corrupción en la administración y realizando un nuevo censo de tierras tributables para incrementar los ingresos del estado. Al mismo tiempo, mejoró la navegación por el Gran Canal regulando los cursos de los ríos Huai y Amarillo y manteniendo sus diques de forma eficaz. No obstante, tras su muerte en 1582 los eunucos volvieron a controlar los resortes del poder y estas reformas cayeron en el olvido.

Un ejército cada vez menos eficaz y en manos de mercenarios tuvo la responsabilidad de ocuparse de varios conflictos externos e internos en las últimas décadas de la dinastía. Dentro del país los Ming tuvieron que hacer frente a finales del siglo XVI a la secesión de la región de Ningxia en el curso superior del río Amarillo y a una rebelión organizada en Guizhou por las minorías étnicas de la zona. En el exterior, cabe destacar los enfrentamientos con los japoneses a propósito de la invasión de éstos de la península de Corea. Todos estos enfrentamientos se saldaron a favor de China, pero a un coste elevadísimo. Las únicas medidas que implementó la dinastía para compensar el déficit creado consistieron en el aumento de la presión fiscal sobre el campesinado, ya de por sí elevada, y el incremento en las tasas comerciales, que provocó la inmediata protesta de las empresas artesanales. El descontento social era tangible durante las primeras décadas del siglo XVII, y a partir de 1627 se sucedieron una serie de insurrecciones que terminarían con la dinastía en 1644, todo ello mientras los manchúes, sucesores de las tribus jürchen que fundaron la dinastía Jin en el norte de China durante el siglo XII, iban tomando posiciones a la espera de su definitiva caída.

Moneda chong zhen tong bao correspondiente al último emperador Ming (1628-44)

En efecto, la rebelión en la provincia de Shaanxi de 1627 por parte de sus tropas, a las que se debían innumerables atrasos y no llegaba avituallamiento, prendió la mecha de las insurrecciones por todo el país organizadas por sectores del ejército así como por diversos grupos afectados por la crisis económica y la mala administración, muy notablemente el campesinado. Pocos años más tarde, varias provincias se liberaron del control de Beijing y dos líderes (Li Zicheng y Zhang Xianzhong) se repartieron el control del norte y el sur de la zona rebelde respectivamente.

En 1644 Li Zicheng entró en Beijing mientras el último emperador Ming Chongzen se quitaba la vida. Aprovechando la confusión el general Wu Sangui al mando de las tropas del norte se alió con los manchúes para hacerse a su vez con el trono imperial y deshacerse de Li Zicheng, que huyó hacia el sur hasta ser capturado y muerto al año siguiente. Zhang Xianzhong, por su parte, murió en combate contra las tropas manchúes en 1646. Wu Sangui no consiguió su propósito de convertirse en emperador, aunque los nuevos señores de China le recompensaron con el gobierno de la provincia de Yunnan al sur del país, donde gobernó en muchos aspectos como un soberano independiente. Los focos de rebelión persistirían durante algún tiempo, pero los manchúes no tardarían en hacerse con el control total del antiguo imperio Ming.

La moneda en el tramo final de los Ming

Durante la era Wanli se retomó la emisión a gran escala de piezas de cobre, tratando de devolver a ésta una cierta continuidad. Sin embargo, esta emisión tuvo que enfrentarse a numerosos problemas desde el comienzo, como el alto precio del metal, la falta de trabajadores cualificados y las deficiencias en la distribución de moneda. Poco después del reinado del emperador Wanli se llevó a cabo un intento por emitir monedas por valor de 10 cash, aunque la idea fue abandonada al poco tiempo cuando las nuevas piezas vieron su peso sensiblemente disminuido. El asunto de la calidad en las emisiones Ming siempre fue una preocupación para las autoridades monetarias. Para hacernos una idea, a principios del siglo XVII la ceca de Nanjing dividía sus emisiones en cuatro categorías dependiendo de su calidad. Así, las de mayor calidad eran las yang qian o “moneda del norte”, con el peso que les correspondían de 1 qian (alrededor de 3,5 grs.) y utilizadas para el pago del señoreaje en Beijing; en el escalón siguiente nos encontramos con las feng qian, de un peso algo inferior y utilizadas para el pago de salarios oficiales; tras éstas, una moneda de tercera categoría destinada a la circulación general; y finalmente las shang qian, de poco peso, mala calidad y gran fragilidad, no muy distintas a las monedas privadas que habían proliferado durante gran parte de la dinastía.

Moneda emitida por el rebelde Sun Kewang, sucesor de Zhang Xianzhong (1648-1657). El reverso muestra un valor de 5 li de plata, es decir, unos 0,2 gr. de este metal (Early World Coins, R. Tye).

La generalización de monedas de mala calidad así como de emisiones privadas a finales de la dinastía contribuyeron al desprestigio de la moneda de cobre, parejo al del propio poder imperial. Para completar este caótico escenario, debemos añadir las emisiones locales que los rebeldes Li Zicheng y Zhang Xianzhong y sus sucesores pusieron en marcha en los territorios bajo su control. Igualmente, miembros de la familia imperial que trataron de hacer efectivos sus derechos al trono emitieron monedas durante periodos más o menos breves de tiempo, como los príncipes Lu (entre 1644 y 1646), Fu (entre 1644 y 1645) y Yongming (entre 1646 y 1659). Muchas de estas monedas, no obstante, presentan una interesante peculiaridad. En sus reversos puede apreciarse su valor en plata (normalmente ínfimo), sin duda una manera de reforzar el circulante de cobre y luchar contra abusos otrora cometidos por las autoridades como las impopulares “cargas de fundido”.

Monedas correspondientes a Wu Sangui (izda. y centro) de 1674-78 y su sucesor Wu Shifan (dcha.) de 1679-81.

Décadas después de estos acontecimientos y una vez asentado el poder de los manchúes, una rebelión por parte de varios antiguos generales Ming (Wu Sangui el más notable de ellos) que habían sido relevados de sus responsabilidades de gobierno desestabilizó a la nueva dinastía durante el periodo comprendido entre 1673 y 1681. Los rebeldes emitieron su propia moneda, basada por lo general en el modelo final Ming, con valores de 1, 5 y 10 incluyendo en muchos casos la cantidad de plata equivalente. Se tratan pues de ejemplos póstumos de la moneda de una dinastía que, pese a su convulso final, marcó una época en muchos sentidos incomparable.

Bibliografía

Cast Chinese Coins, A Historical Catalogue. David Hartill, published by Trafford, Victoria (BC) Canada, 2005

Early World Coins & Early Weight Standards, by Robert Tye, published by Early World Coins, York 2009

Gernet, J. El Mundo Chino. Editorial Crítica, Barcelona 1991

Ceinos, P. Historia Breve de China, Sílex Ediciones S.L. Madrid, 2006

Martínez Shaw, C. Historia de Asia en la Edad Moderna, Arco Libros S.L. Madrid, 1996

Referencias

Primal Trek: Ancient Chinese Charms and Coins http://primaltrek.com/

Standard Catalog of World Paper Money, General Issues 1368-1960 (15th Edition) Edited by George S. Cuhaj, Krause Publications

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