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El billete del trillón de dólares (Zimbabue, 2008)

Por José Ramón Vicente Echagüe

El billete del trillón de dólares (Zimbabue, 2008)
La inflación es un fenómeno habitual en la economía, caracterizado por el aumento sostenido del precio de los bienes y servicios existentes en el mercado y la consiguiente pérdida de poder adquisitivo de la moneda de un país. Cuando la tasa de inflación se dispara y supera el 50 % mensual se dice que un país entra en hiperinflación, lo cual general un círculo vicioso de aumento desmesurado de los precios y pérdida total del valor de una moneda, con desastrosas consecuencias para el poder adquisitivo de los particulares.

Uno de los procesos de hiperinflación más conocidos es el de la Alemania de 1922-23, pero otras muchas economías han pasado por este trance en diferentes momentos históricos: Grecia en 1944, Hungría en 1946, gran parte de Iberoamérica en la década de 1980, Yugoslavia en 1993… y más recientemente Zimbabue.

Las hiperinflaciones tienen lugar cuando un gobierno recurre a la emisión masiva de dinero para financiar su déficit, y esta emisión no se encuentra respaldada por el crecimiento en la producción de bienes y servicios, produciendo un desequilibrio entre la oferta y la demanda de efectivo y la consiguiente pérdida de confianza en la moneda. Es habitual achacar el proceso hiperinflacionario a una mala gestión, pero lo cierto es que muchas veces las circunstancias no dejan mucho margen de maniobra; de hecho, la hiperinflación se liga siempre a situaciones bélicas o de gran inestabilidad política y social. El caso de Zimbabue de los años 2007-2008 es uno de los más recientes en este sentido, de hecho tiene el dudoso honor de protagonizar la primera hiperinflación del siglo XXI. Las imágenes que ilustran este artículo hablan por sí solas: el valor facial de sus billetes alcanzó nada menos que los 100 trillones de dólares, es decir, 100 seguido de 12 ceros.

Antes de continuar, es necesario aclarar que la acepción anglosajona de billones y trillones es distinta a la que tenemos en España. En muchos países, un billón (billion en inglés) equivale a mil millones (es decir, 1 seguido de 9 ceros), mientras que un trillón (trillion en inglés) equivale a 1 millón de millones (1 seguido de 12 ceros). Para nosotros, un billón equivale a 1 millón de millones (el trillion anglosajón) mientras que un trillón asciende nada menos que a 1 millón de billones, o lo que es lo mismo, 1 seguido de 18 ceros. Los trillones de dólares que ilustran este artículo se enmarcan por tanto dentro de la acepción anglosajona, lo que atenúa ligeramente la magnitud de su valor facial.

Los verdaderos problemas económicos llegaron a Zimbabue a finales de la década de 1990. Hasta entonces, este país había conseguido una relativa autosostenibilidad, en gran parte gracias a sus abundantes recursos agrícolas. No obstante, su producción se vio sensiblemente reducida a causa de una temporada de sequías, a lo que hubo que añadir la desastrosa política de redistribución forzosa de tierras llevada a cabo por el sempiterno presidente Robert Mugabe. Al mismo tiempo, los gobiernos de la época aumentaron sensiblemente el gasto público (tanto en políticas sociales como en intervenciones en diferentes conflictos de la zona), lo cual llevó a un inevitable aumento de la deuda del país. Al encontrar resistencia al aumento de impuestos para cubrir los cada vez mayores gastos, el gobierno de Zimbabue optó por la vía fácil y rápida: la impresión de dinero. De esta manera se juntaron los ingredientes básicos que dan lugar a una hiperinflación: tejido productivo dañado, gasto público incontrolado, deuda alta e impresión desmedida de dinero.

Marzo de 2007 marcó el inicio de esta inflación desbocada, de tal forma que en Julio de 2008 las estimaciones más conservadoras anunciaban una tasa anual de inflación de nada menos que del 231 millones %. La consecuencia fue un empobrecimiento general del país, pues los precios de bienes y servicios podían subir varias veces durante el día, llegando a doblarse cada pocos días. Los ahorros que los particulares hubieran podido acumular se evaporaron y la población empezó a utilizar moneda extranjera (sobre todo el dólar norteamericano y el rand surafricano) e incluso el trueque antes que su propia moneda. Una de las imágenes más ilustrativas de esta situación es la de un cartel de unos baños públicos en el que podía leerse en inglés: “Únicamente se puede utilizar papel higiénico en este servicio. Prohibido el uso de cartón, tela, periódicos o dólares de Zimbabue”.

Las autoridades decidieron poner coto a esta subida descontrolada de precios adoptando medidas como la obligatoriedad de rebajar precios de bienes y servicios. El resultado fue desastroso, ya que esta medida tuvo como consecuencia que tanto productores como comerciantes se negaran a proveer artículos de primera necesidad ante el temor de incurrir en pérdidas económicas. Así, durante este tiempo, las imágenes de supermercados y tiendas vacías se hicieron tristemente familiares en todo el país.

A principios de 2009 se emitió la serie de billetes de valor facial más alto de la Historia: 10, 20, 50 y 100 trillones de dólares. En Febrero de ese año se intentó revalorizar la moneda a través del nuevo dólar de Zimbabue, suprimiendo los doce ceros de las últimas emisiones, de tal manera que 1 trillón de dólares equivaliera a un nuevo dólar, pero ya era tarde: la moneda nacional estaba hundida en el descrédito más absoluto y la dolarización (de dólares USA, se entiende) era un hecho. Desde entonces, Zimbabue es un país sin moneda propia. Además del dólar norteamericano se aceptan otras divisas como el rand sudafricano, el euro, el yen japonés, la libra esterlina o la rupia india.

Muchos coleccionistas de notafilia no pueden evitar sentir cierta fascinación por los billetes de hiperinflación, pues muestran de forma muy cruda los efectos que una crisis económica puede tener sobre el valor del dinero y el poder adquisitivo de las personas. El dólar de Zimbabue, una moneda que ha dejado de existir precisamente como consecuencia de una hiperinflación, es un verdadero paradigma en este sentido, lo que añade sin duda un plus de interés en el mundo del coleccionismo.

Para más información:

http://curiosidadesnumismaticas.blogspot.com.es/2012/10/efectos-de-la-hiperinflacion-ii-zimbabwe.html

http://www.dallasfed.org/assets/documents/institute/annual/2011/annual11b.pdf

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