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Las labores de la moneda en las cecas de los Reinos de las Indias (VI)

Las labores de la moneda en las cecas de los Reinos de las Indias (VI)

Por Pedro Damián Cano Borrego

Seguimos con el estudio de las labores de la moneda estudiando la ley, talla, valor y el grabado de las emisiones realizadas en las Casas de Moneda de Ultramar. Tanto la ley como la talla se mantuvieron inalteradas en la moneda nacional, la acuñada en los Reinos de las Indias, hasta las reformas borbónicas del siglo XVIII.
Se conoce como ley al contenido de fino de la moneda. La ley de la moneda de oro, plata y vellón fueron fijadas por las Ordenanzas de 1497, con un valor levemente superior al que los metales tenían en el mercado, y la misma se mantuvo en Ultramar hasta bien entrado el siglo XVIII, dando un valor que se mantuvo inalterado al real de 34 maravedíes.
No obstante lo anterior, las Indias fueron productoras principalmente de plata, por lo que el valor del oro, más escaso, se fue paulatinamente incrementando en relación con el metal argénteo, por lo que se dispuso la elevación del valor de la moneda áurea y se mantuvo el valor de la de plata. Finalmente, el coeficiente bimetálico se estabilizó en 1728, en una relación 1 a 16.
Las variaciones en la ley y el coeficiente bimetálico, según Céspedes y Mateu y Llopis, fueron las siguientes:
LEY, VALOR Y COEFICIENTE BIMETÁLICO EN LA MONEDA INDIANA

En el siglo XVIII la moneda europea argéntea se fue envileciendo, y si bien el prestigio de la Monarquía requería que la ley de la moneda nacional fuese tan alta como la mejor de las extranjeras, se optó por su devaluación, y esas fueron las razones alegadas en las Pragmáticas en las que se rebajó su ley, y de las que hablaremos más adelante.

Diseño de lo que podría haber sido una moneda a nombre de Fernando VI, por Tomás Francisco Prieto.

Debido a las limitaciones técnicas de la época, se admitía en la moneda una tolerancia o margen pequeño de error, en su ley, peso y desgaste. Las monedas circularon durante muchos años, siendo habitual que lo hicieran con las improntas prácticamente borradas y con frecuentes recortes. Estas piezas se retiraron exclusivamente de la circulación cuando se detectó que su ley era escandalosamente baja, como sucedió con la moneda perulera de Potosí en los escándalos del siglo XVII, resellándose para darle su verdadero valor. En cuanto a la moneda falta de peso, se reguló su entrega en las Casas de Moneda, si bien la ampliación de los plazos para su recogida se prorrogaron casi indefinidamente.

En cuanto a la ley, dicha tolerancia, también llamada remedio, era de un grano por marco en la plata, o 3,472 milésimos, y de ¼ de grano, 2,604 milésimos, en el caso del oro. Este remedio era según Bails de dos tipos, el remedio de ley y el remedio de peso. El remedio de ley era el que el monarca perdonaba a los superintendentes de las Casas de Moneda por lo tocante al valor intrínseco y ley de la moneda, labrándola una cortísima cantidad menos pura que lo mandado en las Pragmáticas.

Por lo que se refiere al remedio de peso, era el que el Rey disimulaba a los mismos superintendentes en lo tocante al peso, dado que si bien todas las piezas debían ser de peso igual y una parte determinada del marco ponderal, atendiendo a la imposibilidad de cortarlas tan cabales de peso. Había asimismo según este autor feblaje tanto de ley como de peso. El feblaje de ley era lo que le faltaba a la moneda de ley más de lo que permitía el remedio, e igualmente sucedía con el peso en el feblaje homónimo. A su entender, el feblaje era una contravención de las pragmáticas que merecía castigo.

La moneda de ley superior se conocía como fuerte, y la de inferior feble. A partir de 1639, esta última se ingresaba en la llamada caja de feble, a disposición del Rey, y se destinaba al pago de la limosna de vino y aceite en los conventos, si bien posteriormente se utilizó abusivamente en beneficio del tesorero y los mercaderes de la plata. Tras la incorporación de las cecas, se reglamentó la contabilidad, la custodia y el destino de esta moneda.

En relación al peso, la normativa castellana tradicionalmente se había referido exclusivamente a la talla, o número de monedas por marco, siendo por ello suficiente que un determinado número de monedas pesase un marco. Hasta la introducción de la moneda circular, tanto el peso como el diámetro y grosor, e incluso la forma, de las monedas variaban ostensiblemente. Por ello se estableció una tolerancia en el peso, que en un principio fue de 1 ½ tomín, 18 granos, en la moneda de plata, y ½ tomín o 6 granos por marco de oro.

En las reformas monetarias del siglo XVIII se varió la talla, de 67 a 68 reales por marco de plata, si bien el escudo conservó la suya, de 68 escudos por marco, y estos valores permanecieron inalterados. En las Ordenanzas de Cazalla se fijó por vez primera la tolerancia de todas las monedas, y a partir de 1750 aparecieron en las Ordenanzas de las cecas de las Indias el peso exacto que debía tener cada moneda.

La obra manuscrita Practica de la Gravadura de moneda, escrita entre 1769 y 1770 por Pedro González de Sepúlveda, nos informa ampliamente acerca de los pormenores del grabado de los punzones, matrices y troqueles para la labra de las monedas. Los mismos eran forjados por el herrero de la Casa de Moneda, en presencia del grabador. Los instrumentos de grabado eran fabricados por el propio grabador, con el mayor cuidado y delicadeza. Se solía trabajar con cajas provistas de tornillos que sujetaban la pieza, apoyándolas sobre almohadillas de cuero para evitar deslizamientos.

Matriz con la efigie de Carlos III.

Una vez terminada la forja, comenzaba su trabajo sobre la matriz. El primer paso consistía en dibujar el motivo principal y posteriormente grabarlo en una lámina de cobre, para posteriormente calcarlo con un dibujador o punta seca sobre la matriz, que estaba cubierta de una capa de cera blanca. Seguidamente se procedía a calentar la matriz, con lo que se derretía la cera y quedaba al descubierto el motivo. Simultáneamente, se modelaba en cera el motivo y se hacía un vaciado en yeso del mismo, cuadriculándose para servir de modelo para el relieve y las dimensiones.

En la matriz se grababa en hueco el motivo, con buriles de media caña en el caso de retratos y con planos o chaples los escudos o motivos, para posteriormente retocarlos con codillos, unas limas curvas muy finas untadas en aceite. También se utilizaban puntas de piedra Candía, puntas de pizarra untadas de aceite y piedra pómez molida. Cuando se terminaba el grabado en hueco, la matriz se limpiaba y bruñía desde dentro hacia fuera con gratas y limas, con lo que su superficie quedaba nítida y uniforme y preparada para el temple.

El temple consistía en el endurecimiento del metal, para conseguir que las monedas no se quebraran y quedasen bien grabadas. Era llevado a cabo por el herrero, en presencia del Grabador. Los punzones eran probados golpeándolos con martillos y picadores, o también aplicándoles el ángulo vivo de una lima. Las pruebas de punzones, al hacerse sobre acero, tenían la ventaja si salían bien de servir posteriormente como matrices o contrapunzones de los que se fuesen desgastando o se rompiesen.

Punzón de un reverso de moneda de Carlos III.

Los punzones realizados por el herrero eran retocados por el Grabador, que les daba la necesaria forma convexa para reproducir en relieve el huecograbado de la matriz, y eran también templados para resistir el golpe que debían imprimir sobre el troquel. Finalmente, se templaban también los troqueles para realizar las acuñaciones a volante.

Bibliografía

Bails, Benito, Arismética para negociantes, Madrid, Imprenta de la viuda de Ibarra, 1790.

Céspedes del Castillo, Guillermo, "Las cecas indianas en 1536-1825", en Gonzalo Anes y Álvarez de Castrillón y Guillermo Céspedes del Castillo, Las Casas de Moneda en los Reinos de Indias, Vol. I., Madrid, Museo Casa de la Moneda, 1996.

Duran, Reyes y López de Arriba, Mercedes, “Carlos III y la casa de la Moneda”, en Carlos III y la Casa de la Moneda, Catálogo de la exposición celebrada en el Museo Casa de la Moneda, Madrid, diciembre 1988-febrero 1989, pp.107-109.

Tapia, Eugenio de, Historia de la civilización española desde la invasión de los Árabes hasta la época presente, Volumen 4, Madrid, 1840.

https://www.museodelprado.es/coleccion/artista/gil-jeronimo-antonio/6e77dde1-1a67-4e16-800d-5e75e2a2495d

http://www.segoviamint.org/espanol/technologia.htm

http://www.tesorillo.com/articulos/leon/leon.htm

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