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Proyectos para amonedar platino en el reinado de Carlos III

Proyectos para amonedar platino en el reinado de Carlos III

Por Pedro Damián Cano Borrego

El platino era un viejo conocido, y enemigo, de los mineros del Nuevo Reino de Granada, especialmente en los yacimientos de Chocó y Barbacoas. Se encontraba adherido al oro de tal manera que ambos eran difíciles de separar, por lo que había que pulverizarlos para separar el oro por medio del mercurio. Si la concentración de platino era importante, la mina debía ser abandonada, dado que eran más elevados los costes de la separación del oro del rendimiento que con él se obtenía.
Este metal precioso fue descubierto para la ciencia por el ilustre matemático, militar y escritor Antonio de Ulloa, en el año 1748. Durante años se sucedieron los estudios para conocer sus propiedades y para refinarlo, hasta que finalmente el notable Catedrático de Mineralogía francés al servicio de España Francisco Chabaneau consiguió en el laboratorio del Seminario de Vergara aislar el metal por medios poco costosos. Su estudio descubrió que era un metal maleable, y por tanto acuñable, con un peso similar al del oro y unas propiedades en lo esencial similares a los de los otros metales preciosos, el oro y la plata.


Simultáneamente a estos avances, el Viejo Continente se lamía las heridas económicas producidas por la Guerra de Independencia Norteamericana. Para hacer frente a los gastos de la guerra los estados contendientes y sus instituciones bancarias habían recurrido a la emisión de papel moneda, y el volumen de la deuda pública adquiría en ellos proporciones alarmantes. Fue el caso de los Vales Reales, cuya redención fue una de las principales causas de la creación del Banco Nacional de San Carlos, el primer Banco Nacional español.


En Francia, la Caja de Descuento, de capital privado, fue transformada por Necker, el director del Tesoro Real, que obligó a la aceptación de los billetes emitidos por esta institución, con lo que consiguió sufragar los gastos derivados del conflicto bélico, a costa de un aceptado clima de inflación. Inglaterra estaba sumida desde el final de la contienda en 1783 en una crisis comercial que el Banco de Inglaterra intentó paliar con la sistemática restricción de créditos a los particulares y a la Corona al observar la salida de la moneda áurea, y cuando mejoraron los cambios y las entradas de oro reemprendió sus emisiones de billetes y volvió a prestar dinero al Estado.

En este clima post-bélico Sieur Saint-Laurent realizó una propuesta al conde de Floridablanca en fecha 11 de enero de 1784, por la que se realizaría una emisión internacional de moneda acuñada en platino, de faciales elevados, para con ella amortizar la deuda nacional de España, Inglaterra, Francia y Holanda. La Corona española, como propietaria de las ricas minas en las Indias, sería la encargada de llevar a cabo las labores, y su beneficio podría ser el del incremento del señoreaje y la sobrevaluación del metal utilizado.

El proyecto fue bien recibido por Floridablanca, pero, como escribió el secretario de la Embajada francesa en Madrid a su gobierno, pensaba que el beneficio debía ser íntegramente recibido por España, que era la propietaria del mineral, a pesar de que Saint Laurent afirmaba que dicha emisión no sería viable sin la concurrencia de todos los países que proponía.


Esta propuesta debió ser conocida por Valentín de Foronda, economista, escritor y diplomático español, amigo de Francisco Cabarrús y defensor del Banco Nacional en sus escritos y en las Juntas Ordinarias de esta institución. El año 1786 publicó un ensayo, “Disertación sobre la platina”, en el que analizaba los posibles usos industriales de este nuevo metal.

Por su resistencia a la humedad y por no ser necesaria su aleación con cobre, estimaba que sería de gran utilidad para la fabricación de objetos que debieran estar expuestos a las inclemencias, y muy especialmente en climas húmedos, como el de Londres. Sería asimismo el metal que, aleado con el cobre, podría sustituir al latón en la fabricación de utensilios de cocina, previniendo con ello los perniciosos efectos para la salud que tenía la entonces liga con estaño y plomo.


En cuanto a sus propiedades para ser amonedado, a su entender si se procediese a su acuñación su valoración alcanzaría en poco tiempo e incluso sobrepasaría a la del oro. También estimaba que no era necesario el beneplácito de las demás naciones para proceder a la emisión, toda vez que la moneda, como cualquier otro bien, sería recibida por el público según la necesidad que tuviese del metal como otra mercancía, y el Rey podría ordenar que en las mismas se labrase su busto real y fijar un precio para la misma de 320 reales, sin que con ello se resintiesen el comercio o los cambios.

Hamilton, al tratar el tema, afirmaba que se prefirió el papel moneda por ser mucho más barato, y que la ventaja neta que hubiese tenido el platino sobrevaluado sobre el mismo no estaba clara. Pero eso no es ya historia, sino ucronía.

Bibiografía:
Foronda, V., “Disertación sobre la platina”, en “Miscelánea, o colección de varios discursos”, II ed., Madrid, 1793.
Hamilton, E.J., “Plans for a National Bank in Spain, 1701-83", “The Journal of Political Economy”, Vol. 57, No. 4, august 1949, pp. 315-336.
Vilar, P., “Oro y moneda en la Historia (1450-1920)”, 3ª ed., Barcelona, 1974.
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