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Diciembre2014, Edición 105    19 de diciembre de 2014

Medalla de la Batalla de Bailén

José de San Martín, entre Bailén y San Lorenzo

José de San Martín, entre Bailén y San Lorenzo

Por Manuel Pueyo

Hay muchas curiosidades en la vida de una persona y ésta es una de ellas: no es común que una persona, por segunda vez y casi en las mismas circunstancias, haya salvado la vida gracias a dos personas. Tal vez fuera el destino.., pero esto le sucedió a San Martín.
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Fue el preludio a la batalla de Bailén (provincia de Jaén), en realidad sucedió en Arjonilla, en las proximidades de dicha ciudad y camino a la misma.

Era el 23 de junio de 1808, el capitán San Martín estaba al mando de la vanguardia de una fuerza mayor, cuando recibió la noticia que cerca suyo había una descubierta de un grupo de dragones de caballería francesa, pertenecientes al ejército de Napoleón que había invadido a España.

Al salir de una arboleda, el pequeño destacamento de San Martín, de sólo una veintena de hombres de caballería, Húsares de Olivencia y Borbón, apoyados por un pequeño grupo de infantes, se encontraron con los dragones de la caballería francesa, que formados los esperaban, pensando que ese pequeño grupo no osaría atacarlos.

El parte de batalla, que se difundió en Sevilla, decía que “este valeroso oficial (San Martín) puso a su tropa en formación de batalla y atacó con tanta intrepidez que logró desbaratarlos completamente, dejando en el campo 17 dragones muertos, 4 prisioneros y 15 caballos habiendo emprendido la fuga los oficiales y el resto del grupo de caballería francesa”.


Pero durante la batalla el oficial francés al mando, habiendo identificado al jefe de la fuerza española, San Martín, ordenó a sus hombres atacarlo directamente, por lo que acosado por varios dragones, su caballo cayó y con tan mala fortuna que quedó aprisionado bajo el peso de su montura defendiéndose como pudo. Pero por suerte, y gracias a un jinete de su grupo llamado Juan de Dios, que mantuvo a raya a los enemigos derribando y rechazando a cuantos se interpusieron, se pudo salvar, mientras un sargento de caballería de Borbón lo ayudaba y le cedía su caballo cuando los franceses ya se daban la fuga.

Los españoles sólo tuvieron un herido, tanto fue el ímpetu y bravura de aquel grupo.

Esto sucedió en Arjonilla, camino a Bailén, donde el ejército de Napoleón sufriera la primera gran derrota de su historia: según el parte de batalla citado “los derrotados son los vencedores de Jena y Austerlitz”

Este parte de batalla figura en la “Gazeta Ministerial” de Sevilla, con fecha 29 de junio de 1808 en Comisión Nacional del Centenario, Documentos del Archivo de San Martín, T. 1, pp.89 (partes de su texto entre comillas).

Batalla de San Lorenzo (Argentina)

El 3 de febrero de 1813, a menos de tres años de Arjonilla, San Martín ascendido a coronel, esperaba el desembarco de un destacamento español a la altura del convento de San Lorenzo, cerca de Rosario.

Pero vamos a detallar, un poco más, los acontecimientos para posicionarnos en la época.

Los españoles estaban sitiados en Montevideo, dependiendo de la escuadra española para su abastecimiento de alimentos y vituallas y de esta manera poder seguir resistiendo. Las fuerzas españolas emprendían correrías por las costas del Río Paraná para aprovisionarse de carne y otras provisiones.

El espionaje, por ambos bandos, estaba a la orden del día ya que la situación tanto para españoles americanos como para los españoles peninsulares hacía que estuvieran divididos en dos bandos antagónicos, por lo cual el espionaje tanto de un lado como del otro producía situaciones confusas y complicadas.

Cuando los buques españoles surcaban el Río Paraná, ese enorme Río-Mar con sus propias islas, esta cadena de espionaje se ponía en marcha y daba cuenta a sus superiores de los avistajes de naves que surcaban sus aguas. Informadas las autoridades de Buenos Aires de la marcha de esos buques y su derrotero, hacia Rosario, decidieron encomendar al coronel de caballería Don José de San Martín que al frente de su regimiento de Granaderos a Caballo, compuesto por 125 hombres, se dirigiera a marchas forzadas hacia el Convento de San Lorenzo y tratara de reunir algunas fuerzas más en el camino, ya que no había tiempo que perder.

Además de recorrer el trayecto de más de 400 kilómetros, las marchas debían hacerse al amparo de la oscuridad, en lo posible, para evitar que los espías del bando contrario los detectaran.


Una vez en el Convento de San Lorenzo y luego de un breve descanso, preparó la estrategia para esperar al enemigo.

Las barrancas del Paraná tienen bastantes metros de altura, ya que las grandes crecientes arrastraron mucha tierra a los costados del río y solo se asciende por las laderas por angostos y serpenteantes pasadizos y por allí debían ascender las fuerzas de desembarco.

La estrategia era simple, apenas ascendieran hombres y cañones, antes de que se organizaran, arremeter contra ellos no dándoles tiempo a recomponer filas y empujarlos de nuevo barranca abajo.

San Martín dispuso a sus granaderos en dos alas, a la usanza napoleónica, que se cerrarían en forma de pinzas y sería una carga instantánea para que la sorpresa fuese su principal aliada.

Apenas clareaba el día, eran las 5 y media de la mañana, hora en que los españoles esperaban estuvieran dormidos los moradores de la zona, se produjo el desembarco de una fuerza compuesta de 250 hombres y 2 cañones.


La táctica de San Martín tuvo el éxito esperado, no obstante que los desprevenidos atacantes opusieron una feroz resistencia, no pudieron menos que retirarse lo antes posible del campo de batalla sufriendo importantes pérdidas, ya que dejaron en el lugar, según el parte de batalla: “40 muertos, 14 prisioneros, 12 heridos, dos cañones, 40 fusiles y una bandera. Por parte de parte de los argentinos se perdieron 26 hombres, 6 muertos y los demás heridos y un prisionero en manos de los realistas”.

Pero la coincidencia con Arjonilla fue que, en plena batalla, los españoles acometieron al jefe de los granaderos, San Martín, derribando a su caballo que cayó sobre él aprisionando una de sus piernas sin que pudiera zafarse de esta situación, en vista de esto, un atacante se dirigió velozmente a ensartarlo con su bayoneta pero un soldado llamado Juan Bautista Baigorría se interpuso y le salvó la vida. Otro soldado, Juan Cabral, ayudó a su jefe a librarse de la opresión de su montura.

La batalla terminó con el repliegue de los españoles hacia sus barcos protegidos por el cañoneo de las naves.

La casual similitud en ambos casos, Arjonilla-San Lorenzo, fue la caída de San Martín
bajo su caballo y la ayuda prestada por dos de sus comandados que le salvaron la vida providencialmente, dos españoles en Arjonilla y dos argentinos en San Lorenzo.

A los héroes de Bailén se les otorgó una condecoración, al Medalla de Oro de la Batalla de Bailén, que reproducimos aquí.
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