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Los resellos de las repúblicas americanas sobre moneda española

Los resellos de las repúblicas americanas sobre moneda española

Por Pedro Damián Cano Borrego

Un interesante tema de estudio es el uso de resellos por parte de los independentistas americanos durante sus sublevaciones, así como la continuidad de la circulación de las emisiones oficiales españolas una vez alcanzada en las distintas Repúblicas su independencia. De manera muy sucinta, vamos a hacer una pequeña referencia a estos resellos.

En la actual República Argentina se resellaron en la provincia de Salta, al occidente del país, monedas de dos y cuatro reales de los reyes Fernando VI y Carlos III. Dicho resello consiste en grabar en el centro del reverso, sobre los mundos en el caso de los columnarios, las letras A y R formando un monograma dentro de un círculo de hojas. Aunque no han llegado a la actualidad monedas de ocho reales reselladas de esta manera, se supone que se hacía. En la misma provincia, según de la Fuente, el gobernador Güemes por Bando de 26 de octubre de 1817 ordenó el resellado de las monedas realizadas por los plateros imitando el cuño antiguo de Potosí con un punzón con las letras PR, PTR o PATRIA, entre dos ramas de laurel, si bien estas monedas fueron canceladas por Bando de 25 de mayo del año siguiente.

En la provincia de Buenos Aires se reselló moneda entre los años 1727 y 1831 con las letras BN, Banco nacional. A la de Río de de Plata se atribuye un resello con una contramarca consistente en un punzón rectangular con las siglas R.P. En Tucumán el 1819 se reselló la moneda macuquina con un óvalo y las letras NT. En la Rioja se resellaron entre 1830 y 1835 gran cantidad de monedas de todo tipo con la leyenda RIOJA. En Mendoza, las autoridades ordenaron el 12 de diciembre de 1823 el resello de la moneda macuquina con una balanza y la leyenda FIDELIDAD dentro de un círculo. En la provincia de Córdoba se hizo un resello con un sol de ocho rayos, y en fecha tan tardía como 1851 varias monedas recibieron la contramarca R.A., República Argentina.

En el año 1818, durante la guerra entre Argentina y Paraguay, se reselló en este último país la moneda española con las siglas DO (Departamento Oriental) o D.O.V. Durante la Guerra de la Triple Alianza se cortaron monedas españolas y extranjeras en trozos, conocidos como balastracas, que recibieron un resello con el numeral de su valor. En fecha tan tardía como 1868 se reselló moneda por orden del general Francisco Solano Sánchez con esta fecha, bandera y león sentado. De la Banda Oriental, actual Uruguay, se conocen resellos realizados en 1845 durante la guerra con Argentina con fecha y valor 1 peso fuerte, y los realizados entre 1853 y 1870, consistente en un caballo al galope o parado.

En el territorio del actual Chile encontramos resellos tanto nacionalistas como realistas. Entre los primeros tenemos los resellos realizados por los independentistas en la región de Valdivia, realizados sobre monedas de ocho reales de los monarcas Felipe V, Carlos III y Carlos IV, grabando dentro de un círculo las iniciales VALD y un volcán. Otras contramarcas se realizaron en Concepción, Valparaíso, Serena y Santiago, con volcán y las letras del departamento que realizaba el resello. Este resello de montañas y sol es muy similar al que luego veremos que se utilizó en Centroamérica.

Por su parte, los resellos realistas son muy tardíos, de la década de los años 30, y consistían en dos anagramas, CHI y LOE, dentro de sendos rectángulos a ambos lados del busto del monarca sobre ocho reales de Carlos IV y Fernando VII, durante el gobierno de Antonio Quintanilla. Los modelos de estas monedas fundidas fueron piezas potosinas o limeñas del primer lustro de los años 20 del siglo, y su peso es inferior al legal. Según Trivero, y de acuerdo con una carta de Saturnino García a la Real Academia de la Historia, el gobernador Antonio quintanilla requisó entre 1821 y 1822 toda la platería del archipiélago, ordenando a un platero llamado Palomino que la fundiese en reales de a ocho.

De la Fuente recoge un resello rarísimo que atribuye al general Ramírez, tras la recuperación de Potosí, con la fecha 1816 y escudo de la VILLA IMPERIAL DE POTOSÍ. Tras su definitiva independencia y separación de la Gran Colombia, Ecuador reselló toda la moneda circulante, existiendo una contramarca con las letras MDQ (Moneda de Quito) en monograma, y existe otro resello más escaso consistente en dos montañas. En el archipiélago de las Galápagos se reselló la moneda circulante entre 1920 y 1928 por el comerciante Rogelio Alvarado, encontrándose entre este numerario moneda española acuñada un siglo antes.

Los resellos realizados en el territorio de la actual Colombia fueron ordenados por el virrey Benito Pérez para Santa Marta, sobre monedas de ocho reales de Carlos IV y Fernando VII. Los mismos consisten en pequeñas marcas con las letras SM dentro de un círculo de puntos, acompañado en ocasiones de otro con VPB dentro de un óvalo. También se realizaron resellos consistentes en una granada dentro de un óvalo. En la isla Margarita se reselló moneda entera y moneda cortada con las siglas MA.

En el caso de Costa Rica, a partir de 1841, se reseñaron todas las emisiones circulantes de Carlos III, Carlos IV y Fernando VII. Así, encontramos hasta once tipos diferentes de resellos, buscando con ello dar a estas piezas un valor nacional. Para evitar que la moneda saliese del país, se agujereaban las monedas además de contramarcarlas, con taladros que variaban desde los 4 mm para las piezas de dos reales a los 8 mm para los pesos fuertes. El más común de ellos, que no producía cambio en el valor de las monedas, consistía en un grabado de dos flores concéntricas sobre las piezas de medio, uno, dos, cuatro y ocho reales.

Otro resello que no suponía cambio en el valor facial consistía en grabar un pequeño busto en las emisiones de dos reales.

Por ley de 13 de noviembre de 1845 se autorizó la circulación de las pesetas provinciales españolas, conocidas como sevillanas, con excepción de las de Isabel II, con un valor de dos reales. En el anverso de las piezas se estampó una contramarca circular de 13 mm, con cabeza de mujer a izquierda, con peineta y moño, y leyenda semicircular Costa Rica, y bajo el busto el valor, 2.R. En su reverso se labró un árbol con la leyenda HABILITADA POR EL GOB. Otro resello, que se utilizó también para el resello de las pesetas provinciales españolas, tanto antiguas como coetáneas, fue el de un león pasante dentro de un círculo con la leyenda HABILITADA POR EL GOBIERNO.

Había otros, sin embargo, que sí suponían el cambio del valor facial de las monedas. Entre ellos, encontrábamos uno sobre las acuñaciones de uno y dos reales, con un árbol franqueado de un 1 y una R, para darles el valor de un real. El mismo resello, acompañado por un 2, 4 o un 8, para darles este valor, aunque fuesen de mayor valor facial. Una marca similar, pero con árbol y 2 R, se utilizaba sobre monedas de uno y dos reales para darles este último valor.

Se utilizaron asimismo resellos para reconocer la moneda macuquina legítima, con un punzón circular de 14 mm de diámetro con tres montañas iluminadas por un sol, y la leyenda entre dos círculos concéntricos REPUB. DEL CENT. DE AMER. 1846, y la marca de valor de dicha moneda en reales, 8R, 4R. En su reverso, según de la Cruz, aparece un resello de 14 mm con la leyenda HABILITADA EN COSTA RICA J.B., y dentro del círculo interior un árbol, con los valores de 2R para los faciales de ocho y dos reales y 1R para los de cuatro y reales sencillos.

En 1830 se reselló moneda en El Salvador moneda legítima de cuatro reales, con una contramarca de forma rectangular, con un volcán en erupción y las siglas SS a ambos lados y el año debajo. Como en el caso de otros países centroamericanos, los resellos realizados en 1839 en la República de El Salvador no suponían el cambio de valor de las monedas, sino solamente dotarlas de signos distintivos de su soberanía, como eran el escudo nacional, con muchas variantes, o un volcán. Se resellaron las emisiones de los reyes Carlos III, Carlos IV y Fernando VII de uno, dos, cuatro y ocho reales.

En 1834 se utilizó un resello a manera de cremallera, y en 1863 el general Rafael Carrera ordenó que se contramarcase toda la monda circulante con la letra R con puntos. Posteriormente, con el restablecimiento de la República, se volvió a resellar la moneda con el escudo nacional, y en septiembre de 1686 el gobierno de Francisco Dueñas ordenó resellar la moneda de cordoncillo española para diferenciarla de la moneda provincial acuñada en las cecas peninsulares, una medida que se aplicó también a partir de abril de 1869 para marcar la moneda macuquina legítima todavía en circulación.

Según de la Fuente, es posible que tras su definitiva independencia Honduras utilizase como resello el de cinco montañas y sol escondido. Según de la Cruz, el 19 de marzo de 1824 se aprobó una ley definiendo la ley y peso de las monedas acuñadas en la Federación, y el 17 de diciembre de 1824 la Asamblea del Estado hondureño decidió el resello de la moneda circulante con el sello antes usado para quintar la plata, comisionando al ensayador Narciso del Rosal y a Juan Pablo Andrade para realizar este trabajo, que comenzó el 7 de junio de 1825.

Los resellos guatemaltecos estampados en las emisiones de dos, cuatro y ocho reales de Fernando VI, Carlos III y Carlos IV consisten en un círculo en el que encontramos uno o tres volcanes y un sol. Estos resellos, realizados entre 1828 y 1841, no suponían el cambio de valor de las monedas, y tuvieron según Lines su origen en un Decreto de la Asamblea Nacional Constituyente de 21 de agosto de 1823, que en su artículo 1º establecía que el escudo de armas de las Provincias Unidas, en el que se encontraban los tres volcanes. El 25 de septiembre de 1828 el presidente Juan de Mora y Fernández, dirigiéndose a la Asamblea, hizo una referencia a los mismos, al citar la autorización de la moneda de pesos fuertes previo el examen de su ley y su sellado con el quinto del Estado.

De la Fuente cita asimismo un resello utilizado a partir de 1840, con un sol, arco y flechas. Según de la Cruz, entre 1839 y 1840 se reselló la moneda macuquina para distinguirla de la espuria o la que circulaba feble, falta de peso, con tres volcanes y un sol naciente, sobre moneda de Potosí, Lima, México e incluso de Guatemala. Entre 1839 y 1840 se reselló asimismo moneda en Quetzaltenango, capital del Estado de Los Altos, con un sol naciente, un volcán y un quetzal posado, tanto acordonada como macuquina. De la Cruz apunta la posibilidad de que un resello en el que aparece un león rampante fuese de origen nicaragüense. En Nicaragua se habrían utilizado, según el mismo autor, resellos realizados entre los años 1823 y 1824.

En el México moderno se utilizaron gran cantidad de resellos desde 1820 hasta 1880, sobre monedas de dos y ocho reales de los reyes Carlos III, Carlos IV y Fernando VII. Normalmente, los mismos no suponen cambios de valor en las emisiones aunque hay casos, como el del Congreso Nacional, en el que se fraccionaban las monedas de ocho reales en cuatro partes, grabando a cada una de ellas un águila, para darles el valor de dos reales. Es muy común el resello de piezas por anagramas, como las múltiples variantes de Morelos o los de Salcedo u Osorno.

Morelos ordenó el resello de todo el circulante en los territorios por él dominados y dictó severas normas contra los falsarios, dado que menudearon las falsificaciones, especialmente de la moneda de cobre tipo SUD. El resello más común de los utilizados fue el circular de unos 13 mm de diámetro, con el monograma de Morelos entre dos estrellas, que en el caso de las monedas batidas a nombre de Fernando VII se estamparon directamente sobre su busto. José Francisco Osorno, que recibió de la Junta de Zitácuaro el grado de Teniente General y que en 1811 tomó las minas de Pachuca obteniendo un gran botín en barras de plata, reselló moneda con su monograma, con las letras OSRN entrelazadas, en un punzón ovalado de 11 x 9 mm de diámetro.

El botín de Pachuca, 250 barras de plata, fue dividido entre los caudillos insurgentes Morelos, Rayón, Pedro Espinosa y Osorno. Vicente Beristain, comandante de artillería en esta acción, llevó parte de este botín a Zacatlán, y en esta localidad y en San Miguel transformó junto con Pedro Lachausseé las barras de Osorno en moneda mediante fundición, utilizando como modelo los ocho reales de 1811, H.J., y con las iniciales S.M y .VB. en dos punzones ovalados. En la provincia de Coahuila, se fundieron monedas tomando como modelo las emisiones de la ceca de México, con un resello con dos rectángulos superpuestos, en el de arriba con las letras MVA, que se interpreta como Monclova, y en el inferior la fecha.

Junto con el águila antes vista, también es muy común el resello del arco y la flecha del Congreso de Chilpancingo, y existe asimismo un resello de origen desconocido con un óvalo que lleva en su centro un águila sobre un nopal con una serpiente en el pico, toscamente labrada, sobre piezas de uno, dos y ocho reales, que se ha atribuido al general Vicente Guerrero. Otros resellos conocidos son los realizados por Hidalgo, con las iniciales HC, Allende, Ignacio López Rayón, Julián Villagrán o José María de Liceaga.

Las autoridades realistas también realizaron resellos, como el atribuido a Manuel María de Salcedo, Gobernador de la provincia de Texas, que consiste en un monograma con las iniciales MS entrelazadas en un punzó ovalado de 17 x 12 mm. Otros resellos comunes fueron los realizados por Antonio Linares, con su nombre dentro de un rectángulo y estrella, las iniciales L.C.M. (posiblemente La Comandancia Militar), y L.C.V. (Las Cajas Veracruz), y el conocido como de coronas y banderas, por tener estos motivos dentro de un círculo. Existe asimismo un resello del distrito de Nueva Galicia, atribuido al comandante José María Vargas, realizado entre los años 1810 y 1821, siendo muy escasas las piezas conservadas con el mismo.

La moneda circulante fue igualmente resellada por los independentistas cubanos. En los años 1876 y 1877, durante la guerra chica, se contramarcaron los duros españoles con una llave en relieve. Este resello de la llave, pero incusa, se utilizó también en 1895 por Céspedes durante la conocida como gran guerra. El Puerto Rico, tras su anexión después de la Guerra hispano-norteamericana, se resellaron por los bancos de San Juan pesetas, por un valor de 20 centavos, y duros para darles una estimación de un dólar.

Bibliografía recomendada

BANCO DE MÉXICO, Historia de la moneda mexicana

CRUZ, O. DE LA, Resellos de Centroamérica

DARGENT CHAMOT, E., Las Casas de Moneda Españolas en América del Sur, Los resellos de Güemes y las cecas provinciales

FUENTE FREYRE, J.A. de la, Adiciones a “Los resellos durante la guerra de Independencia mexicana”

FUENTE FREYRE, J.A. de la, Resellos en ocho reales, América

LEÓN, N., y LOW, L.H., La moneda del general insurgente don José María Morelos. Ensayo numismático, Cuernavaca, 1897.

LINES, J.A., "Los resellos de "tres volcanes"", NVMISMA, nº 31, marzo-abril 1958, pp. 33-45.

LUNA, P., Las monedas de los Realistas y sus resellos

MONTANER AMORÓS, J., Los resellos. Las monedas españolas reselladas en el mundo, Valencia, 1999.

MURILLO, J., Historia de las monedas de Costa Rica. Catálogo Numismático, EUNED, Costa Rica, 2004.

SOCIEDAD NUMISMÁTICA DE MÉXICO, La falsificación y alteración de la moneda mexicana

TRIVERO RIVERA, A., El peso fuerte de Chiloé

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