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Nosferatu en el marco alemán

Por José Ramón Vicente Echagüe

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Nosferatu en el marco alemán

Tras la Primera Guerra Mundial, la derrota sufrida por Alemania no impidió que tuviera lugar en el país una explosión artística que lo situó en la vanguardia de diferentes disciplinas, muy particularmente la pintura. La emisión de monedas y billetes ha constituido desde siempre una gran oportunidad para reflejar las pulsiones artísticas de una sociedad, algo que podemos comprobar en la notafilia alemana de posguerra. Las emisiones locales conocidas como notgeld (dinero de emergencia), realizadas principalmente entre 1914 y 1922 con el fin de impulsar las economías locales en un momento de crisis, dieron la oportunidad a numerosos dibujantes y grabadores locales de demostrar sus habilidades artísticas y, en muchos casos humorísticas y de denuncia social.

Emisiones locales notgeld de principios de la década de 1920.

Desde que fueron concebidos, las monedas y billetes han sido utilizados, además de para facilitar transacciones económicas y comerciales, como instrumentos al servicio de la autoridad emisora: propaganda política, exaltación de las señas de identidad propias, reafirmación de la unidad frente a un enemigo o amenaza exterior, conmemoración de acontecimientos significativos y un largo etcétera. El caso del dinero local notgeld es un ejemplo muy ilustrativo, ya que además los artistas responsables de su diseño pudieron beneficiarse de una relativa manga ancha debido a que estas emisiones no eran estrictamente de curso legal, sino que eran aceptadas por lo general dentro de sus propios municipios por común acuerdo entre los particulares. Así, es posible encontrar en estas emisiones constantes alusiones a las dificultades económicas por las que atravesaba el país así como a la falta de autoestima propia de una nación recién derrotada en una guerra o al resentimiento hacia las potencias vencedoras.

En el caso del dinero más oficial, es decir, el emitido por el Reichsbank, no era posible disponer de tanta libertad creativa, aunque podemos encontrar alguna interesante excepción, como la que da pie a este artículo. Se trata del billete alemán de 10.000 marcos de 1922, en el que aparece la cabeza de un vampiro. Mirando únicamente las imágenes de abajo, ¿seríais capaces de encontrarlo?

Este billete, que en un principio constituía el de mayor valor emitido, quedó reducido a calderilla en pocos meses. En efecto, la situación económica de la Alemania de principios de la década de 1920 era, cuanto menos, insostenible. A la deuda contraída por el esfuerzo bélico de la I Guerra Mundial había que sumar la resultante del Tratado de Versalles, que establecía que Alemania debía pagar una suma a las potencias vencedoras en concepto de reparaciones. Estas reparaciones, una vez formalizadas, ascendían a 132.000 millones de marcos-oro pagaderos en anualidades, cifra astronómica que estrangulaba la ya de por sí maltrecha economía alemana.

Los aliados se mostraron especialmente severos con Alemania, pero ninguno tanto como Francia. Se ha reprochado a este país su falta de magnanimidad con los derrotados, pero hay que tener en cuenta que 50 años antes, en 1871, los franceses fueron obligados a pagar reparaciones tras su derrota en la guerra franco-prusiana, además de ceder una parte de su territorio al nuevo Reich alemán. En cualquier caso, las duras condiciones a las que fue sometida Alemania tras la I Guerra Mundial trajeron consigo entre la población alemana un sentimiento de rencor hacia los vencedores, especialmente contra los franceses. Como consecuencia de la inmensa deuda contraída, las autoridades de la nueva República de Weimar se vieron obligadas a imprimir más dinero, lo cual resultó en la famosa hiperinflación de 1922-23 que hizo que transacciones rutinarias como la compra de una barra de pan se efectuasen en millones de marcos.

Nosferatu en acción, acoplado al cuello del joven.

Ese resentimiento antifrancés queda plasmado en la emisión de 10.000 marcos de 1922. Este billete oficialmente reproduce el cuadro del pintor renacentista Alberto Durero “Retrato de un Hombre Joven”, pintado a finales del siglo XV. Si giramos el billete 90º hacia la izquierda podemos ver cómo el cuello del retratado, ligeramente retocado, se convierte en un vampiro encapuchado de nariz aguileña, muy del estilo del Nosferatu de (sorpresa) 1922, obra cumbre del expresionismo cinematográfico. De esta forma, los dibujantes y grabadores pudieron simbolizar de manera sutil el resentimiento alemán al que antes aludíamos: Alemania representada en un joven que sufre la explotación despiadada de una Francia personificada en un terrorífico vampiro chupasangre.

Tras encontrarnos con curiosidades como esta, ¿quién puede pensar que la numismática es aburrida?

http://curiosidadesnumismaticas.blogspot.com.es/2012/06/un-vampiro-en-el-marco-aleman.html

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