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La moneda física pierde peso en un mundo cada vez más virtual

La moneda física pierde peso en un mundo cada vez más virtual

viernes 15 de mayo de 2020, 14:24h
En los últimos años, hemos sido testigos de una tendencia creciente: aumentan las transacciones sin dinero en efectivo. Cada vez son más los productos y servicios que se venden por internet y que se abonan sin necesidad de tener que abrir la cartera.

La red está provocando cambios muy profundos en nuestra relación con el dinero físico e incluso con nuestra manera de entender la compraventa de productos, tal y como vamos a ver a continuación.

¿Consumo o posesión de bienes y servicios?

La última década ha tenido un enorme impacto a la hora de dar respuesta a esta pregunta. Se ha producido un cambio de paradigma en el que hemos pasado de poseer a consumir. No cabe duda de que aún se compran acciones bursátiles, operamos sobre la acción del precio mediante los CFD (haz clic aquí si no sabes qué es un CFD) y nos evitamos así las complicaciones de la custodia. Tampoco compramos apenas películas o series, las consumimos por streaming en Netflix, HBO o Amazon Prime y no tenemos ni tan siquiera que descargarlas. Y ya en raras ocasiones compramos discos o vinilos, nos conectamos a Spotify y creamos nuestra propia lista virtual de canciones. No debe extrañarnos, pues, que el dinero también se haya vuelto un concepto más etéreo que nunca. El dinero no ha sido inmune a esta revolución en el consumo de bienes y productos.

Internet desata una lucha feroz contra el dinero en efectivo

Internet está haciendo que el peso del dinero físico sea cada vez menor. Y es que, a no ser que hagamos una compra online con pago contra reembolso, resulta directamente imposible usar papel moneda. Los consumidores, especialmente los más jóvenes, han sucumbido al atractivo del pago electrónico, que les permite abonar productos y servicios de vendedores situados a veces a miles de kilómetros de distancia.

La resiliencia del dinero físico garantiza que seguirá con nosotros durante bastante tiempo

Pese a todo lo dicho en los apartados anteriores, el dinero físico tiene a su favor una serie de puntos que hacen presagiar que todavía lo seguiremos utilizando durante mucho tiempo. Y es que ofrece una serie de ventajas que el dinero electrónico todavía está lejos de proporcionarnos. La principal es que, al ser palpable, el efectivo no nos permite ni gastar más de la cuenta ni excedernos en la gestión del presupuesto de nuestra propia economía.

Además, no tenemos que andar preocupándonos de que nos pirateen el colchón, a diferencia de lo que sucede con un monedero digital, susceptible a usos y accesos fraudulentos. A la luz de estos aspectos, parece que el dinero virtual no lo tendrá tan fácil como podría parecer para acabar de una vez por todas con el dinero físico.

En resumen, parece que avanzamos hacia un mundo sin dinero en efectivo, pero no será un proceso que se materialice de forma definitiva de la noche a la mañana. El dinero electrónico todavía tiene que ganarle al dinero físico la batalla en campos tan importantes como la facilidad de uso y gestión o la privacidad. Por el momento, la moneda física como reliquia del pasado dista mucho de ser una realidad.

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