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El rescate de los príncipes de Francia

El rescate de los príncipes de Francia
miércoles 22 de octubre de 2014, 11:47h

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En su “Historia General de España” de 1853, Modesto Lafuente detallaba cómo se dio cumplimiento a uno de los capítulos de la Paz de Cambrai de 1529, por el que se aceptó la devolución de dos de los hijos de Francisco I, rehenes en España, a cambio de una imponente suma, pagadera en escudos de oro del sol.(Leer+)


Ambos príncipes, el Delfín Francisco y el duque de Orleans Enrique, futuro Enrique II, se encontraban bajo la custodia de Pedro Fernández de Velasco, Condestable de Castilla, en el castillo segoviano de Pedraza. Si bien la primera fecha que se fijó fue el 1 de marzo de 1530, el monarca francés tuvo que retrasarla, al no disponer de la cantidad pactada, y tuvo que esperar una remesa del Rey de Inglaterra para hacer frente al pago.

Junto con ellos se entregaría también la archiduquesa de Austria doña Leonor, reina viuda de Portugal y futura esposa de Francisco. El mayordomo mayor del soberano galo, señor de Montmorency, pactó con la emperatriz doña Isabel de Portugal, con el señor de Praet, caballero flamenco al servicio del Emperador y Embajador en Paris, y con el Condestable la forma en que el intercambio debía realizarse.

De tal concierto se redactó un largo ceremonial en fecha 26 de mayo de 1530, compuesto de veintiocho capítulos en los que se pormenorizaba hasta el último detalle de la forma en la que el canje debía realizarse. No debía haber en los diez días anteriores y posteriores a diez leguas de ninguna de las fronteras de los reinos gente de armas, y en medio del Bidasoa debía construirse un pontón que dos horas antes del intercambio debía ser inspeccionado por un caballero de cada reino.

Debía igualmente haber dos gabarras iguales, conducidas por igual número de remeros que debían partir a la vez y bogar al mismo compás. Asimismo, la gabarra francesa debía ir cargada con tanto peso en hierro como el que pesase exactamente el dinero que debía ser entregado. Y, lo que más debates suscitó, sobre la calidad de la moneda en la que se debía realizar el pago.

Mientras que los franceses sostenían que los escudos debían ser de 21 quilates, los españoles estimaban que debían serlo de 24 quilates. El intercambio se hizo finalmente el día 1 de julio de 1530, dando fin a un cautiverio de cuatro años, en los que los príncipes habían reemplazado a su padre que, en palabras de Modesto Lafuente, “había comprado fría y calculadamente su libertad personal al precio de la cautividad de sus hijos”.



Ramón Carande cita a Álvaro de Lugo, que rindió cuenta de lo recibido en Bayona el 10 de junio de 1530, un minucioso cálculo del valor, peso y estampa de la moneda entregada. De ellas se hicieron quinientas pesadas de a veintiocho marcos cada una, por una parte, y cien pesadas más. Estaba compuesto de monedas de múltiples procedencias, entre las que se encontraban escudos franceses viejos y nuevos recién batidos en Bayona, nobles de la rosa, angelotes y enriques ingleses.

El año 1523 y a causa de los problemas financieros, se habían devaluado las monedas de oro y plata inglesas, lo que requería la emisión de una nueva especie y el incremento del valor del soberano y del angelote de oro. En 1526 se introdujo una moneda de oro equivalente al escudo francés, la corona de la rosa, si bien finalmente en 1544 se sustituyó el circulante áureo por las definitivas y longevas coronas.



La suma de todas las monedas importó 1.204.280 escudos, sirviendo el pico para paliar la falta de ley de la moneda recibida. Álvaro de Lugo recoge asimismo la talla y ley de los escudos que el rey de Francia se había obligado a pagar, 71 y ½ monedas de oro por marco, con una ley de 22 quilates y ¾, y la fe dada por los técnicos nombrados al efecto.

Esta suma suponía una auténtica fortuna. Para hacerse una idea, el rescate del Inca Atahualpa, considerado el más alto de la historia, fue computado en 51.610 marcos de plata y 1.326.539 pesos de oro de ley de 22 ½ quilates, de los que 10.121 marcos de plata y 262.259 pesos correspondieron al quinto real, y 629 marcos de plata y 50.155 pesos a los derechos del fundidor.

Otra obra que nos da información sobre el valor de los escudos del sol es el “Escrutinio de maravedises”, de Pedro Cantos, escrito en 1763. En él nos indica, siguiendo a Sandoval, la misma fuente que posteriormente utilizó Lafuente, y con errata incluida en la fecha -1539 en vez de 1529- del valor del rescate. El escudo del Sol era la moneda de oro francesa de mayor módulo, creada por Luis XI por decreto de 2 de noviembre de 1475. Describe Cantos la moneda como redonda o esférica, y en la parte superior de su anverso llevaba un Sol con ocho rayos iluminando una corona adornada de flores, y en su reverso una cruz de follajes. Si bien su valor inicial había sido 32 sueldos y un dinero, desde el 28 de septiembre de 1526, el valor de los escudos del sol estaba fijado en 45 sueldos torneses.



Por la Paz de Cambrai Francisco I se comprometió según este autor a pagar de renta 1.200.000 escudos de oro del sol, a setenta y un escudos por marco, guardando en la ley del oro veintidós quilates y ¾. Cantos afirma que por este tiempo en Castilla se sacaban sesenta y una piezas y 1/3 por marco, teniendo el oro una ley de veintitrés quilates y ¾ largos, valiendo cada pieza once reales de plata y dos maravedíes. Termina, como acabamos el presente artículo, con una invitación al cálculo: “con lo que podrá sacar la cuenta puntual de lo que valía cada Escudo de Sol en este tiempo el que quiera entretenerse en hacer los cómputos por las reglas que dan los ensayadores, y valor de cada grano y quilate”.


Bibliografía

• CANTOS BENÍTEZ, P., Escrutinio de maravedises y monedas de oro antiguas, su valor, reducción y cambio a las monedas corrientes: deducido de escrituras, leyes y pragmáticas antiguas y modernas de España, Madrid, 1763.
• CARANDE THOVAR, R., Carlos V y sus banqueros, Barcelona, 2000.
• CHAPMAN, COLIN R., Weights, Money and other measures used by our ancestors, Baltimore, 2nd printing, 2004.
• DARGENT CHAMOT, E., Las Casas de Moneda Españolas en América del Sur, Lima-Madrid, diciembre de 2006, http://www.tesorillo.com/articulos/libro/14.

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