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El papel moneda, problema heredado en la Luisiana española

El papel moneda, problema heredado en la Luisiana española

Por Pedro Damián Cano Borrego

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:47h
Desde que en 1723 el papel moneda se había introducido en la Luisiana francesa, éste no dejó de depreciarse. Cuando por el Tratado de Fontainebleau de 3 de noviembre de 1762 España reciba el territorio, entrará en contacto con un problema al que había sido ajeno en sus territorios, que le producirá inestabilidad política y que abrirá la puerta a las posteriores emisiones de papeletas en otros de sus dominios. (Leer +)
Luisiana fue un vastísimo territorio sin apenas población blanca que ocupaba gran parte de la cuenca del Misisipi y sus afluentes principales, que estaba nominalmente bajo soberanía francesa desde el último año del siglo XVII, si bien la fundación de Nueva Orleans se produjo en 1718. Como hemos comentado antes y a semejanza de lo que sucedía en Canadá, circuló profusamente el papel moneda durante el periodo francés.



Este sistema, como igualmente sucedía en las colonias británicas, se basaba en las monedas de cuenta de la metrópoli y así se reflejaba en sus valores faciales. Pero, como también sucedía en las Trece Colonias, el dinero metálico circulante estaba compuesto por el real español y sus múltiplos, especialmente el real de a ocho, y con cambios fijados oficialmente en las monedas de cuenta.

La crónica escasez de moneda metálica había hecho que en 1736 se emitiesen para subvenir las necesidades de la colonia doscientas mil libras en papel moneda. Los billetes de esta emisión eran de cinco, diez, quince y veinte libras de facial, y había otros de menor facial de cincuenta, veinticinco, doce y medio y seis y un cuarto sueldos.

Esta emisión tuvo consecuencias nefastas para el circulante, dado que retiró la moneda metálica de la circulación y produjo una severa y rápida inflación. A pesar de ello, se produjeron nuevas emisiones de billetes, y en el año 1743 se emitieron también bonos del tesoro, que debían ser aceptados para el pago de tributos. Los problemas se agravaron en 1756, con el estallido de la Guerra de los Siete Años contra Inglaterra.



Si bien en 1762 se entregó el territorio a España, no fue hasta marzo de 1766 cuando se tomó oficialmente posesión del mismo por el gobernador don Antonio de Ulloa, una de las figuras más preclaras del Siglo de las Luces español, que venía de administrar desde su nombramiento el 11 de julio de 1754 la estratégica mina de mercurio y la población de Huancavelica, la provincia de Angaraes y sus Cajas Reales.

A la llegada de Ulloa, se le comunicó que el papel moneda circulante se había depreciado en una cuarta parte de su facial, siendo la deuda global de la nueva Gobernación estimada entre seis y ocho millones de libras, y se le solicitó que se aceptase que el mismo corriese a la par. Ulloa no solamente no transigió con esta petición, sino que ofreció a los residentes que el papel moneda se valorase únicamente a un 65% de su facial.

Los fondos recibidos de México fueron en los primeros tiempos insuficientes, incluso para hacerse cargo con ellos de los gastos corrientes, y la situación se complicó con la pérdida en la bahía de Mobile el 22 de septiembre de 1766 del convoy en el que se remitía el situado para la Gobernación. A ello se unió un periodo de gran inestabilidad atmosférica asociado al fenómeno del Niño, que trajo numerosos huracanes a todo el área caribeña, con sus secuelas de devastación y pérdida de cosechas.



En los dos años posteriores Ulloa informó a sus superiores de que los pagos estaban suspendidos, y avisaba del peligro que corría la Gobernación. Tras los destrozos producidos en la temporada de huracanes de 1768, en octubre de ese año se sublevase la población de origen francés e hiciese que el gobernador huyese del territorio, situación que se controló con el envío de algo más de dos mil soldados desde La Habana.

El año siguiente hubo grandes hambrunas en Nueva Orleans. La llegada de Alejandro O’Reilly en agosto y la remisión de setenta mil pesos contribuyeron a normalizar la situación. Por Acuerdo del Consejo de 1769 se redujo el valor de los bonos del tesoro a un 60% de su facial, y se pagaron las letras de cambio que el gobierno francés había emitido en 1765. Asimismo, el gobierno español asumió los débitos que el gobierno había contraído en el territorio.



A pesar de los esfuerzos de O’Reilly, no se pudo reducir la dependencia de los comerciantes británicos, sobre todo en alimentos, debido a las sucesivas catástrofes naturales, si bien en 1776 se permitió por decreto el comercio con Francia y sus colonias. Ese mismo año Luisiana se convirtió en el proveedor del estanco de tabaco de Nueva España, lo que supuso un compromiso de envío de ochocientos mil reales de a ocho anuales desde las factorías reales en México, y vivificó la vida económica del territorio.

A ello tenemos que añadir la remisión de un importante situado para el pago de los gastos corrientes y para paliar en lo posible los efectos de los virulentos huracanes. Uno de los navíos que lo transportaron era el famoso bergantín “Cazador”, que se hundió en 1784 con una carga de cuatrocientos cincuenta mil reales de a ocho.

Bibliografía:
. CLARK, J. G., New Orleans, 1718-1812: An Economic History, Louisiana State University Press, Baton Rouge, 1970.
. FOERSTER, G.H., “Los “trillizos” mexicanos de 1783”, Crónica Numismática, diciembre 2002, pp. 50-51.
. GAYARRE, C., History of Louisiana, New York, 1867.
. McCUSKER, J. J., Money and Exchange in Europe and America, 1600-1775: A Handbook, UNC Press Books, 1992
. JOHNSON, S. , Where Has All the Flour Gone? El Niño, Environmental Crisis, and Cuban Trade Restrictions, 1768-1778, Prepared for the Conference of the Program in Early American Economy and Society, Library Company of Philadelphia, September 19, 2003.



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