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Algodón, té y plata española: La conquista británica de la India

Algodón, té y plata española: La conquista británica de la India

Por Pedro Damián Cano Borrego

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:47h
La India no tenía minas de plata, por lo que toda la que se amonedaba llegaba vía comercio. El volumen del tráfico a finales del siglo XVIII alcanzó tal dimensión que, según los cálculos de Humboldt, en 1795 los comerciantes británicos habían desembolsado 4.410.000 pesos en géneros pagados en la propia India a comerciantes chinos en estaño, algodón y opio, además de los 6.614.000 pesos en moneda para su comercio directo con China. (Leer +)
La plata que llegaba a la India por la Nao de la China, por el comercio con los países occidentales, del Golfo Pérsico y de Arabia, así como de China y de Japón antes del embargo decretado en este último país en 1668, sirvió para la monetización del Imperio Mongol, si bien también hizo que se sufriesen los efectos de la inflación y el incremento de los precios, que lo desestabilizaron y ayudaron a la posterior expansión británica.


Rupia hindú del siglo XVII.


La moneda de plata de la India, la rupia, era universalmente aceptada y de buena calidad. Su circulación se circunscribía a su año de emisión, por lo que anualmente los particulares debían llevarla a las numerosas cecas abiertas para que fuesen nuevamente batidas, y cualquiera podía adquirir moneda en estos establecimientos con un pequeño coste de un 5,6%. Esto hizo que el circulante se mantuviese estable, tanto en calidad como en cantidad, si bien no se pudo adecuar al importante incremento que se produjo en la población.




Rupia de la colonia francesa de Pondichéry.


La colonia francesa de Pondichéry, actual Punducherry, era un importante centro emisor de estas rupias y de los fanon, la moneda circulante en la costa del Coromandel (nombre dado a la franja marítima de Tamil Nadu, en sudeste de la India, bañada por el Océano Índico), siendo su materia prima los reales de a ocho españoles. Dado que por su origen eran las que menor riesgo tenían de ser aleadas con otros metales, corrían libremente por todo el subcontinente, siendo recogidas por los tesoreros de los Rajás y Nababs, tanto gentiles como musulmanes, e incluso los comerciantes de otras naciones, especialmente daneses y holandeses, llevaban a esta ceca sus pesos fuertes para que fuesen convertidos en rupias.

Su lucrativa actividad se llevó a cabo hasta 1837. El 3 de marzo de este año, el consejo de la ciudad propuso que, ante la medida tomada por motivos económicos del cierre de la Casa de Moneda, y para convertir en moneda local los reales de a ocho sin pérdida, no se debían de pagar más de 216 rupias por cada 100 reales de a ocho, pero que esto era imposible de conseguir, dado que en la isla Borbón, la actual Reunión, el precio de estas piastras era de 218 rupias.


Moneda de 8 reales de Carlos III, Méjico, 1762, resellada por los británicos con la efigie de su rey sobre los globos terráqueos del columnario.


Durante el siglo XVIII la Compañía Británica de las Indias Orientales había llevado a cabo operaciones comerciales de alto riesgo. Se utilizaba la plata española para la compra de productos textiles en la India, que a su vez eran cambiados en Indonesia por nuez moscada, clavo y pimienta. Estas especias se remitían a las Islas Británicas, donde eran vendidas necesariamente en moneda de plata, que nuevamente se remitía a Oriente para alimentar el comercio de índigo, té, café y seda con China, en un periplo con una duración total de dieciséis meses.

En la primera mitad del siglo, y ante la imposibilidad de desbancar las manufacturas locales con su propia producción, el comercio británico siguió basándose en la demanda de prendas de algodón hindú y de té chino en Europa, intentando a su vez reducir las remesas de metales preciosos hacia estos territorios. Durante todo el siglo se abrieron en numerosas poblaciones costeras del subcontinente establecimientos para la producción de prendas estampadas destinadas a la exportación.



Dado que su mayor producción se daba en Bengala, los británicos se concentraron en esta área, y su influencia de incrementó en ella día a día. Al principio ejercieron su jurisdicción en nombre del Gran Mongol, e incluso emitieron moneda a su nombre, una vez que controlaron la ceca y que forzaron el transporte del Tesoro Real desde Murshidabad a Calcula, donde se encontraba bajo su directo control.

Los fondos obtenidos se utilizaron no sólo para el comercio de la Compañía, sino también para la ulterior conquista de toda la India, y la extracción de gran cantidad de plata que había sido introducida en siglos anteriores para la compra de té en China produjo una gran escasez de circulante. Los británicos quisieron establecer un numerario uniforme, para lo que desmonetizaron las monedas locales, pero la emisión de nuevo cuño no cubría las necesidades de la circulación, y menos a finales del siglo, por efecto de las caídas de precios y las convulsiones en el comercio por causa de las Guerras Napoleónicas.


Rupia emitida por la Compañía Británica de las Indias Orientales.


Asimismo, los británicos fijaron cambios nada ventajosos entre la moneda de plata y las existentes en cobre y los cauríes, utilizados para las transacciones corrientes. Para la labra de nueva moneda, a comienzos del siglo XIX se batieron en la ceca de Madrás piezas de dos rupias y ½ coronas sobre cospeles de moneda española procedente de las Indias. Y fue la India igualmente la que suplió de numerario a otras colonias británicas, como fue el caso de los 400.000 reales de a ocho remitidos desde Bombay, vía Madrás, a la Colonia de Australia en 1812, origen de los famosos Holey Dollars.

Si bien ya desde 1701 se había prohibido en Inglaterra la importación de telas estampadas y se comenzó a importar algodón en rama para su manufactura en la propia isla, no fue hasta la segunda mitad del siglo, con la mecanización que dio comienzo con la Primera Revolución Industrial y con la política de reducción de la producción hindú tras tomar el control directo del país, cuando la industria textil británica comenzó su definitivo despegue. Entre 1803 y 1815 dominó el territorio central del subcontinente, regido por los marathas, y en el siguiente medio siglo se fue anexionando el resto del país. Tras la rebelión de los cipayos de 1857 se abolió oficialmente el Imperio Mongol.



El té pasó de considerarse un producto de lujo a un producto de primera necesidad en los países anglosajones durante el siglo XVIII, y su estanco en uno de los principales ingresos de la Corona, hasta un 10% de todos los del Tesoro. Para su pago en China, desde el Edicto del Emperador Tao Kuang, sólo se aceptaba en teoría moneda de plata, si bien desde la década de los años 30 del siglo XIX China pasó de ser el primer receptor al principal exportador de plata, por mor del comercio del opio.

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