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“Deo et Cesari Fidelis Perpetuo”

“Deo et Cesari Fidelis Perpetuo”

Por Pedro Damián Cano Borrego

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:47h

Tras ser legado a Carlos I por su tía Margarita de Austria, el Franco Condado de Borgoña se mantuvo unido a la Corona de España hasta ser cedido a Francia por la Paz de Nimega de 1674, tras una cruel y devastadora guerra de conquista. En su solar hubo dos cecas operativas, ubicadas en Dola –Dole-, la capital, y en la Ciudad Imperial de Besanzón-Besançon-, que batieron moneda a nombre de los sucesivos monarcas hispanos. (Leer+)

El Franco Condado era un país de unos 15.000 kilómetros cuadrados, separado del Ducado francés de Borgoña por el río Saona y limítrofe con los cantones suizos, la Lorena y Alsacia. Formaba junto con el Charolais, enclavado en territorio francés, las posesiones más meridionales del Círculo Borgoñón de los monarcas Habsburgo de España. Era jurisdiccionalmente independiente, con un Parlamento radicado en su capital, Dola, con dos Cámaras y tres brazos que servían de Consejo de Estado y Corte Suprema. Gozaba asimismo de amplia autonomía política y fiscal, de la libertad de fijar su contribución, de la facultad de su autodefensa y de moneda propia. 

La ceca de Dola fue autorizada el 16 de septiembre de 1494 por Maximiliano de Austria, lo que fue ratificado por Felipe el Hermoso en 1500, que emitió entre 1500 y 1506 como Conde de Borgoña pistolas de oro y gros. Por un Edicto dado en Dola el 1 de diciembre de 1539 se prohibió la aceptación de los testones y su circulación si no se adecuaban al peso de los testones del rey de siete dineros y doce granos, citando expresamente los gros testons de Friburgo, de Berna, de Suiza, de Sión, de varios gobernantes de Milán y los de Portugal, lo que prueba el activo comercio de sus habitantes con sus vecinos, tácitamente aprobado por los monarcas. 

Carlos V emitió en Dola moneda de plata en carolus o medios-gros, conocidos como piezas de diez blancos, en 1552 y 1553. En su anverso portan la leyenda +C:V:R:IMP: C:BVRGVNDIE: y la cabeza del emperador coronada a izquierda, y en su reverso la leyenda +M:C: BVRGVNDIE: y la fecha de emisión, el escudo del Franco Condado y bajo el mismo la letra de ceca “D”. Se acuñaron asimismo medios carolus o petit blanc con las mismas leyendas, su retrato coronado en anverso y cruz patada y las armas en reverso, entre los años 1537 y 1555. 

Se labraron también ½ blancos, con el escudo coronado del Franco Condado en anverso y cruz patada en el reverso, entre 1550 y 1555. En cobre se batieron niquets con una “K” coronada en anverso y un pedernal entrelazado con dos bastones en reverso, los primeros sin datar y los que portan el año de emisión acuñados entre 1550 y 1555.

Felipe II restableció en Dola la Cámara de Cuentas el 22 de agosto de 1562, que tuvo entre sus atribuciones el conocimiento de los asuntos referentes a la moneda junto con el Parlamento: la contabilidad, el pago de los oficiales, los abastos y el cobro del señoreaje por cuenta del monarca. A diferencia de lo que sucedió con las emisiones de la ceca de Besanzón, las monedas batidas en Dola portan los bustos y los escudos de armas de los sucesivos monarcas Habsburgo, y se mantuvieron en general los tipos antes descritos.

Cuando los derechos de los obispos de Besanzón sobre la acuñación de moneda cesaron en 1534 Carlos V devolvió estos derechos a la Comunidad por una Real Orden fechada en Toledo el 8 de mayo de ese año. El Parlamento recibió la jurisdicción universal sobre estas emisiones. El agradecimiento de sus habitantes se expresó en la leyenda de la medalla estudiada por Babelon que sirve de título a este artículo. En la norma citada se fijaban los tipos de la moneda, debiendo figurar en su anverso la efigie del soberano, de busto o de pie, y en su reverso las armas de la ciudad, un águila entre dos columnas que según la tradición representaban los restos del templo romano de Monte Caelius. El retrato de Carlos V es del mismo estilo que el de las monedas alemanas coetáneas, con barba recia y birrete estrecho. 

Estos tipos se mantuvieron entre los años 1537 a 1674, en todas las monedas batidas en esta ceca ubicada en la calle d’Arbalète, sobre dobles ducados, florines, pistolas, daeldres, florines de plata, testones, carolus y niquets. La moneda de oro comenzó a batirse en 1541. Se acuñaron durante los reinados de los monarcas sucesivos, y durante el gobierno de la Archiduquesa Isabel se descubrió que una gran partida de moneda batida en esta ceca no estaba ajustada a su ley. Destaca por la gran cantidad de tipos la época de Felipe IV, y a nombre de su ilustre predecesor se acuñaron en tiempos de Carlos II las últimas monedas francontesas de esta dinastía: las pistolas de oro de 1666 y 1673, los daeldres fechados en 1664 y en 1666 y los medios daeldres de 1667. 

 
Retrato del obispo Jean Boyvin.

En la biblioteca de Besanzón se conservaba, según Plantet y Jeannez, un manuscrito del jurista Jean Boyvin fechado en 1639, y compuesto para su hijo Claude, général des monnaies de Dola, con el título Traité des Monnoyes et de la Practique et Fabrication d’ycelles, pour l’instruction d’un général des Monnoyes, par messire Jen Boyvin chevalier. President au soverain Parlement de la Franche-Comté de Bourgogne, importante obra para el estudio de la moneda francontesa.

 
La ilustración de Marc Mosnier representa a Jean Boyvin, resistiendo con las armas al sitio de Dola por las tropas de Luis XIV.

Numerosos historiadores, incluso franceses, afirman que es difícil encontrar un territorio que fuese más leal a los Austrias españoles que el Franco Condado, donde los miembros de todos sus grupos sociales se sentían tan hispanos como los peninsulares. Sus naturales nutrieron los Tercios de Flandes bajo su enseña, la cruz de San Andrés, que pasó a ser la de la monarquía, y numerosos e importantes franconteses, como Granvela, Chifflet, Brun o el propio Boyvin alcanzaron las más altas instancias en la judicatura, la diplomacia o la política de la monarquía española.

La importancia estratégica del condado y del Charolais, al encontrarse a medio camino de los territorios de la monarquía de Milán y Flandes, era capital, si bien tras la Paz de Lyon de 1601, que lo aisló de Ducado de Saboya, dejó de ser la principal ruta para el paso de tropas y caudales hacia Flandes, el Camino Español que desplazó entre 1567 y 1620 a más de 123.000 hombres, al utilizarse el paso alpino de la Valtelina. A ello se unió el pacto entre España y Francia sobre la neutralidad del territorio de 1 de diciembre de 1530, lo que hizo que se librase de la desolación causada por los principales conflictos europeos entre Carlos V y Francisco I y los de comienzos del siglo XVII, hasta que la misma se rompió durante la Guerra de los Treinta Años en 1636.

En ese año se produjo una invasión francesa de 30.000 soldados al mando de Condé, y en el año siguiente otra conjunta franco-sueca, de resultados desastrosos. Las tropas francesas, siguiendo órdenes del cardenal Richelieu, actuaron con gran dureza y crueldad, saqueando, violando, enterrando vivos a los habitantes y quemando las cosechas para provocar el hambre en una población que tomó parte activa en la defensa del territorio y quedó diezmada. Tras la firma del armisticio, se repobló el Condado con naturales de Saboya, del país de Bresse y de Auvernia. 

Fue tomada fácilmente en 1668 por Luis XIV, y posteriormente en 1674 fue nuevamente ocupada tras seis meses de duros combates, conquista ratificada por la Paz de Nimega de 1678. En esta guerra cruel, en la que Francia esgrimió para la anexión el argumento del destino manifiesto, el Franco Condado perdió tras una resistencia heroica hasta la desesperación dos tercios de su población, y muchos franconteses abandonaron su país para nunca volver.

Hasta el final de la Guerra de Sucesión sus habitantes esperaron la vuelta de sus reyes naturales, y la masa de la población abrazó durante el conflicto la causa del Archiduque Carlos. Dicha esperanza se truncó con la llegada al trono de España de un soberano de la Casa francesa de Borbón. Como sucedió igualmente en el Rosellón y la Cerdaña, el territorio perdió todas sus libertades y fue sometido al régimen común. Unos años después, en 1684, Luis II de Condé, aduciendo una deuda de 600.000 escudos de oro por servicios prestados a Felipe IV de España, consiguió del Parlamento de París la extinción de esta deuda con la confiscación y ocupación del Condado de Charolais.

Bibliografía

BABELON, J., “Dos monedas de Carlos V y de Rodolfo II acuñadas en Besançon”, Nvmisma, Año II, nº 2, enero-marzo 1952.

BOYVIN, J, Traité des Monnoyes et de la Practique et Fabrication d’ycelles, pour l’instruction d’un général des Monnoyes, par messire Jen Boyvin chevalier. President au soverain Parlement de la Franche-Comté de Bourgogne, 1639. Consultable en http://gallica.bnf.fr/ark:/12148/btv1b90076276/f5.zoom.

ECHEVARRÍA BARCIGALUPE, M.A., Flandes y la Monarquía Hispánica, 1500-1713, Madrid, 1998.

PERNOT, F., La Franche-Comté espagnole à travers les archives de Simancas, une autre historie des Franc-Comtois et de leurs relations avec l’Espagne, de 1493 a 1678, Presses universitaires de Franche-Comté, 2003.

PLANTET, L. Y JEANNEZ, L., Essai sur les monnaies du Compté de Bourgogne, Lons-le-Saunier, 1855.

POEY D’AVANT, F., Monnaies Féodales de France, Vol. III, Paris, 1862.  

TRUYOL Y SERRA, A., El Franco-Condado en la obra de Francisco Elías de Tejada, Versión ampliada de la Sesión Homenaje en la Real Academia de Ciencias Morales y políticas, http://www.racmyp.es/docs/homenajes/H14/H14-2.pdf.

VICENTI, J.A., Catálogo general de la moneda española, Imperio Español (Europa), Fernando II 1375 a Fernando I 1825, Iª Ed., Madrid, 1976. 

 http://www.dole-monnaies-jetons.fr

 

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