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Una reseña de Octavio Gil Farrés sobre el artículo “Datos sobre una moneda marroquí acuñada en España”

Una reseña de Octavio Gil Farrés sobre el artículo “Datos sobre una moneda marroquí acuñada en España”

Por Pedro Damián Cano Borrego

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:47h

Preparando un artículo sobre la moneda áurea marroquí conocida como Madridiyah, por haber sido acuñada en nuestra capital, me acerqué por un conocido anticuario para adquirir la separata del artículo  “Datos sobre una moneda marroquí acuñada en España” del eminente filólogo y arabista don Mariano Arribas Palau. 

Cuál sería mi sorpresa cuando dentro de la misma se encontraba una recensión de don Octavio Gil Farrés, anterior propietario de la publicación, en dos versiones, manuscrita y mecanografiada, así como otro folio con las notas que tomó de su puño y letra del artículo. Ignoro si finalmente esta reseña llegó a publicarse, dado que no la he encontrado, por lo que la transcribo íntegramente. 

D. Mariano Arribas Palau.

 “ARRIBAS PALAU, MARIANO: datos sobre una moneda marroquí acuñada en España. Al-Qantara, Vol. IV, fasc. 1 y 2, págs. 185-263. Madrid, 1983.

             En este interesante artículo-de tipo histórico y numismático-se trata de las gestiones realizadas por el sultán Sayyidi Muhammad b. Abd Allah, cerca del gobierno de Carlos III para acuñar en España moneda de su país. La pretensión consistía en labrar ducados, onzas y blanquillos. El ducado equivalía a 10 onzas, con el peso de un peso fuerte español más dos blanquillos. La onza equivalía a 46 blanquillos. Según Tomás Bremond, cónsul en Marruecos, apenas se labra ahora moneda, “pues viene toda acuñada de América”. Esto suponía un serio inconveniente para los deseos del monarca marroquí. Además, éste solicitaba que el oro y plata a utilizar fuese el proveniente de Indias, a fin de que la moneda tuviese la misma ley que los doblones y pesos fuertes españoles. El pago se efectuaría con el producto de las exportaciones de grano desde el puerto de Casablanca. Tras diversos titubeos por ambas partes, se determinó hacer cuatro millones de piezas de plata: blanquillos, que 40 de ellos fuesen del peso de un real de a ocho, o sea de 0,675 gramos. Asimismo, un millón de piezas de plata, mayores, u onzas, que 10 equivaliesen a un peso fuerte, o sea de 2,70 gramos. También diez mil monedas grandes de oro (solamente se hicieron éstas) con valor de 10 pesos fuertes cada una. Se indicaba que una parte se enviase a Nápoles, para que el rey Fernando IV rescatase cautivos de Malta. En 1787 se hicieron pruebas por el grabador general Pedro González de Sepúlveda, ayudado por Miguel Casiti “por ser el hombre sabio que tenemos en esta clase de letra”. Como problema fundamental se indicaba que dos volantes trabajando sin interrupción y produciendo seis mil piezas diarias, requerirían cuatro años para rematar la operación. En las piezas fabricadas se consignó siempre la fecha 1201 y Madrid, como ceca de la operación.

O.G.F.”

 En la versión manuscrita cambia un poco la última parte. Tras citar al grabador y a su ayudante, don Octavio escribía:

 Uno de los inconvenientes señalados por los españoles era que las altas temperaturas a que debían someterse dichos metales reduciría (…) su contenido original, y se añadía que con dos volantes trabajando…

Asimismo, incluía un comentario final: “Como anécdota, se señala que en la devolución a Marruecos de parte del metal que debía emplearse, se hundió en Tánger un cajón conteniendo dos mil pesos fuertes, que no pudieron ser rescatados.”

 El dicharachero dueño de la “Librería Anticuario Bellver” me explicó cómo había llegado parte de la colección de don Octavio a sus manos, y aprovechó, como buen comerciante, la ocasión para endosarme otros dos libros que pertenecieron a nuestro ilustre numismático, y un diccionario de arte de regalo.

 Se pueden consultar los escritos originales aquí

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