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La Mitología y la moneda: Orcómeno

La Mitología y la moneda: Orcómeno

Por José A. Jiménez Peris

miércoles 29 de abril de 2015, 04:01h
Orcómeno, situada al noroeste del lago Copaide, en Beocia, fue fundada, según Apolonio de Rodas, por Minias, hijo de Poseidón, sobre un terreno pantanoso que desecó mediante diques y canales haciendo emerger una tierra rica para los más variados cultivos. Entre la numerosa descendencia del fundador destacó Orcómeno que dio nombre a la ciudad.
La población, que por entonces no formaba parte de Beocia, participó en la guerra de Troya con treinta naves y en ella se inició uno de los grandes mitos helénicos: Los argonautas.

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/3/3c/Map_of_cities_in_ancient_boeotia_spanish.png

Y así comenzó la leyenda…

La princesa tracia Teófane, hija del rey Bisaltes, era una doncella dotada de una belleza tan extraordinaria que una multitud de pretendientes pululaba por su alrededor intentando conquistar su corazón. Poseidón también se sintió muy interesado y ella le correspondía por lo que le resultaba desagradable el acoso de los enamorados.

- ¡Libérame de ellos! – pidió la joven a su amante.

- Te ocultaré en la isla de Crumisa.

Los aspirantes a su bella mano quedaron confundidos por la desaparición de la muchacha, sin embargo, una sierva, que había escuchado la conversación entre los amantes, se dejó sobornar y los admiradores averiguaron el paradero de la princesa acudiendo en tropel a buscarla. No obstante, el dios del mar, para que no fuera reconocida, la transformó en una oveja y él se metamorfoseó en carnero para mantenerse a su lado sin llamar la atención. Como fruto de sus amores, bajo esta apariencia, nació un corderillo, cuyo vellón estaba formado por finísimas hebras de oro y al que impusieron el nombre de Crisomallo.

Acrópolis de Orcómeno.

http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Orchomenos_06_C.jpg

En la lejana Orcómeno, una ciudad de Beocia, reinaba Atamante, descendiente de los Titanes a través de su padre Eolo, el fundador de la estirpe eólica, su abuelo Helen, el epónimo del pueblo heleno, y sus bisabuelos Deucalión y Pirra, los progenitores de la humanidad tras el diluvio.

Se casó con Néfele, una de las ninfas de las nubes, hija de Océano y Tetis, con quien procreó dos hijos llamados Frixo y Hele.

La tebana Ino también podía alardear de estirpe divina pues fue engendrada por Cadmo, el fundador de Tebas, y Harmonía, hija de Ares. La joven era muy atractiva y también de naturaleza caprichosa, coqueta, intrigante, obcecada y sin escrúpulos, condiciones heredadas de su abuelo materno, el dios de la guerra.

Al conocer a Atamante se encaprichó de él y se propuso hacerlo suyo, aunque tuviera que recurrir a todo tipo de artimañas para arrebatárselo a su esposa. Y, en efecto, comenzó a desplegar sus amplias artes de seducción hasta conseguir enamorarlo y hacer que repudiara a Néfele. Tras formalizarse el repudio, Atamante e Ino contrajeron nupcias y del nuevo matrimonio nacieron Learco y Melicentes.

Una vez logrado esto, Ino se dispuso a llevar a cabo la segunda parte de su plan: Conseguir que sus hijos adquirieran los derechos sucesorios en detrimento de los nacidos del primer matrimonio de su marido.

Al objeto de cumplir su propósito, tramó una estratagema para la que contó con la colaboración de sus siervas.

- Id a informar a las mujeres de la ciudad que si tuestan los granos que guardan como simiente, la cosecha de trigo crecerá antes y será mucho más abundante. Pero no deben decírselo a los hombres para que éstos queden gratamente sorprendidos cuando llegue el tiempo de la recolección.

Las estériles semillas fueron sembradas y, consecuentemente, nada brotó de la tierra. A la vista de lo sucedido, la soberana, de nuevo por medio de sus siervas, difundió la justificación del suceso:

- ¡Las semillas no han germinado porque hemos perdido el favor de los dioses!

Atamante, muy preocupado por la falta de grano para el sustento del pueblo y temeroso ante las posibles algaradas de sus súbditos motivadas por la hambruna, decidió pedir al oráculo de Delfos que le revelara la voluntad de las deidades.

Ino, que había previsto esta reacción, sobornó a los emisarios obligándolos a decir que, para recuperar el amparo divino y acabar con la carestía, era preciso inmolar a los hijos mayores de rey.

Néfele, que desconfiaba de Ino, ejercía una discreta vigilancia para prevenir cualquier intento de perjudicar a sus hijos y cuando se enteró de las maniobras de su rival, pidió ayuda a los dioses para salvarlos.

- ¡Dioses del Olimpo ayudadme a salvar a mis hijos!

Las súplicas fueron escuchadas por Zeus, que se mostraba contrario a los sacrificios humanos, y ordenó a Hermes:

- Presta tus alas al carnero dorado de Poseidón y envíalo a colaborar con Néfele para el rescate de sus hijos.

El heraldo del Olimpo así lo hizo y cuando los muchachos eran conducidos hacia el altar del sacrificio, su madre, en forma de nube, los envolvió y el divino animal se los llevó por el aire.

Recreación del vuelo de Frixo y Hele a lomos de Crisomallo.

Hele, entusiasmada por la sensación de volar, se soltó del vellocino y cayó al mar pereciendo. Su hermano, cuando más tarde explicaba el lugar donde cayó la muchacha, lo llamaba el mar de Hele, por lo que, desde entonces, el estrecho que separaba la Tracia de la Tróade se llamó Helesponto.

Frixo llegó hasta la Cólquida (actual Georgia) donde el rey Eetes lo recibió solícito y, tras escuchar su historia, le entregó a su hija Calcíope como esposa. El joven desterrado, en agradecimiento a Zeus por haber escuchado el ruego de su madre, le ofreció el carnero en sacrificio y regaló la piel del animal a su anfitrión, quien la consagró a Ares depositándola en las ramas de un roble sagrado custodiado por dos toros que arrojaban fuego por las fauces, y un dragón, hijo de Equidna y Tifón, que nunca dormía.

El Vellocino en el roble sagrado custodiado por el dragón.

El episodio de la simiente tostada, que propició años más tarde el épico viaje de los Argonautas, sirvió de inspiración a los diseñadores de moneda, que utilizaron el grano y la espiga como motivos principales en las emisiones de la ciudad.

http://www.coinarchives.com/a/lotviewer.php?

Hemióbolo batido entre finales del siglo V y principios del IV a. C.

Anverso: Medio grano de trigo con el extremo germinak hacia arriba.

Reverso: Las letras E-R. a ambos lados de una espiga de trigo.

http://www.coinarchives.com/a/lotviewer.php?

Óbolo emitido entre 525-500 a. C.

Anverso: Grano de trigo con el extremo germinal hacia arriba.

Reverso: Gran cuadrado incuso cuartelado con una línea adicional.

http://www.coinarchives.com/a/lotviewer.php?

Óbolo batido entre 475-425 a. C.

Anverso: Grano geminado.

Reverso: Cuadrado incuso dividido en cinco compartimentos (Estilo de Egina).

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Estátera acuñada entre 385-375 s. C.

Anverso: Escudo beocio.

Reverso: Letras EP-XO a ambos lados del ánfora y una espiga a la derecha. Todo en un círculo incuso.

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Hemidracma acuñado entre 395-364 a. C.

Anverso: Escudo beocio

Reverso: Las letras EPX dentro de una corona de espigas.

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Óbolo batido entre 500-480 a. C.

Anverso: Grano de trigo con el extremo germinal hacia arriba.

Reverso: Diseño estilo Egina con cuadrado incuso y letra E.

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Hemióbolo acuñado entre 500-480 a. C.

Anverso: Medio grano de cebada con el extremo germinal hacia arriba.

Reverso: Espiga de trigo y las letras retrógradas R E abajo.

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Tritetartemorion (3/4 óbolo) batido entre finales del siglo V-364 a. C.

Anverso: Tres granos de cebada en fila con el extremo germinal hacia arriba.

Reverso: Rueda con cuatro radios

http://www.coinarchives.com/a/lotviewer.php?

Tritetartemorion acuñado entre finales del siglo V y 364 a. C.

Anverso: Tres granos de cebada con el extremo germinal hacia arriba.

Reverso: Caballo encabritado.

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Bronce batido en 210 a. C.

Anverso: Busto velado de Arsinoe III o Hera con cetro sobre el hombro.

Reverso: Las letras EX-PO a ambos lados de un trípode rodeado por una corona de laurel.

http://www.wildwinds.com/coins/greece/boeotia/orchomenus/BMC_36.jpg

Bronce batido entre 370-364 a. C.

Anverso: Espiga de trigo sobre escudo beocio.

Reverso: Estrella de ocho puntas con las letras E-X-P-O en los espacios alternos.

Siguiente entrega: Esparta (Helena de Troya y la educación espartana)

Bibliografía

“Los Argonautas”. Apolonio de Rodas. Alianza Editorial

Wikipedia. Enciclopedia libre

José A. Jiménez Peris

http://www.historiadelasmonedas.wordpress.com/

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