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Dólares made in Japan o “Blac Rain”, de Ridley Scott

Dólares made in Japan o “Blac Rain”, de Ridley Scott

Por Máximo Cozzetti

miércoles 22 de julio de 2015, 08:58h
Seguimos una vez más con la sección habitual escrita por Máximo Cozzetti en el Boletín “El Reverso”, editado por el Centro Filatélico y Numismático San Francisco, Argentina. Se tratan de artículos referidos a películas y series cinematográficas y televisivas cuya trama principal son monedas o billetes. En esta ocasión “ND” reproduce el dedicado al film “Lluvia negra” (Black Rain, 1989, de Ridley Scott).

El género policial parece ser el que más alimenta a esta sección. En este número, es la película “Lluvia negra” (Black Rain, 1989, de Ridley Scott), la que nos trae referencias numismáticas.

En la misma, dos policías de Nueva York, Nick Conklin y Charlie Vincent (Michael Douglas y Andy García) deben trasladar a Japón a Sato (Yusaku Matsuda), un yakuza que había asesinado a un hombre y le sustrajo una misteriosa caja. Al llegar a tierra nipona, Sato se escapa y Conklin y Vincent comienzan su odisea, con la ayuda al principio reticente de Masahiro Matsumoto (Ken Takakura) de la policía de Osaka, para recapturar al peligroso criminal. En su camino, encuentran una víctima de homicidio que resultó ser un cómplice de Sato con un billete de 100 dólares en la garganta; más adelante, en una presunta guarida de Sato, aparecen más billetes de esta denominación, algunos de los cuales son sustraídos por Conklin para hacer una curiosa prueba: al quemarlos, detecta que son falsos. Así, explica a las autoridades policiales japonesas que la impresión apenas se despega de las cenizas, porque no hubo suficiente presión, lo que hace que la falsificación sea buena, pero no perfecta.

Así, deduce que la caja que Sato sustrajo a su víctima de Nueva York quien es identificado como un grabador contenía muestras o placas de impresión, y que están siendo testigos de una guerra de falsificaciones entre Sato y su anterior jefe, Sugai. Ambos líderes mafiosos se reúnen, y así se muestra que mientras Sugai tiene la placa de impresión del anverso, Sato tiene la del reverso. Sugai revela que había mandado una de las placas a los Estados Unidos para verificar la calidad del trabajo del grabador, y allí fue cuando Sato la robó para negociar la ampliación de su poder entre los yakuza.

Obsesionado en busca de venganza tras el asesinato de Vincent en manos de Sato, Conklin enfrenta a Sugai para obtener un modo de vencer al enemigo común. Así, Sugai le dice con orgullo que los primeros billetes eran sólo prototipos y que los definitivos serán perfectos. Con la ayuda de Sugai y la lealtad de Matsumoto, Conklin logrará vencer a Sato y entregarlo a la justicia. Las placas, no obstante, parecen haberse desvanecido, pero aparecen en la caja de un regalo de despedida de Conklin a Matsumoto, en la escena final del filme.

Hasta aquí, la ficción, vamos ahora a la numismática, que esta vez, nos dará un análisis especial, ya que no debemos en esta oportunidad verificar la correspondencia de las piezas mostradas en la pantalla con las del “mundo real” ni corroborar datos brindados por los personajes. Se trata, ni más ni menos, que de la invitación a conocer un poco más sobre el proceso de impresión de billetes y su falsificación.

Comencemos primero con la descripción de las piezas que se aprecian en la película: se trata de billetes de 100 dólares de la serie de 1985, correspondientes al distrito “B” de la Reserva Federal de los Estados Unidos, Nueva York, con las firmas de Katherine Davalos Ortega y James Baker III; también se observan billetes de 1.000, 5.000 y 10.000 yenes correspondientes a la serie que comenzó a emitirse en 1984 en la guarida de Sato, aunque no se brindan mayores precisiones acerca de si se trata o no de productos de la operación de falsificación.

Aunque, lamentablemente, en la película no se da ningún detalle sobre el proceso de falsificación es decir, la forma en que las placas son utilizadas para producir los billetes, debemos notar que hay un grado de detalle inusual en la forma en que tanto las placas como los billetes son presentados. Así, se advierte un esfuerzo de parte de la producción de la película en mostrar que los billetes son falsos, pero con pretensión de ser una buena falsificación. Así, por un lado todos los billetes que se ven tienen numeración diferente, lo que implica una operación de falsificación a gran escala y con métodos de impresión complejos, pero por el otro, muestran algunos defectos del proceso reconocidos tanto por los propios criminales como por los policías, como el caso de un billete uno de los que quema Conklin, que claramente muestra un desplazamiento hacia arriba del sello del Departamento del Tesoro y la numeración impresos en color verde.

Este desplazamiento se explica por la dificultad que pudieron experimentar los falsificadores al duplicar el proceso de impresión en dos etapas: la primera, en calcografía con tinta verde oscuro, y el segundo con otro tono de verde para la numeración que debe ser correlativa y el sello. Ello también se pone de manifiesto en la apariencia de las placas de impresión, bastante bien logradas, y que, correctamente, no llevan ninguno de estos dos elementos, ya que, como se dijo, corresponden a otra etapa del proceso. Las mismas, no obstante, tienen una característica que no se corresponde con las placas calcográficas de los billetes originales, y es la presencia del sello del distrito B de la Reserva Federal y de los cuatro números 2 que lo simbolizan; en los billetes originales, la impresión del sello y del número de distrito se realizaba en offset litográfico en una segunda etapa, en tinta negra al mismo tiempo que la numeración y el sello del Tesoro, en tinta verde, y no en calcografía, que correspondía a la primera etapa (1). Ello, no obstante, no puede ser considerado un error del filme, ya que los falsificadores pueden escoger el modo en que deseen realizar la impresión de su producto, importando mucho más el resultado que el proceso en sí (parece que el interés de los mafiosos japoneses radicaba en falsificar solamente billetes de la Reserva Federal de Nueva York). Una vez más, insistimos en lo lamentable que la película no aporte datos sobre la forma de este proceso.

En cuanto al método de quemar los billetes para verificar su naturaleza, el mismo no parece ser un método seguro, ya que destruye elementos de prueba y no garantiza infalibilidad (además del riesgo de quemar un billete auténtico). Un estudio correcto de la pieza puede permitir llegar al mismo resultado sin mayores dificultades (en el caso, bastaba con revisar el sello del distrito de la Reserva Federal, ya que presentaría un relieve producto de la impresión calcográfica que no se encontraba en los billetes originales). Así, sirve más como una muestra del “olfato policial” del héroe que como un método fiable de detectar falsificaciones.

En suma, por tener algunos detalles muy cuidados y revelar a través de las imágenes mucho más de lo que dice con palabras, se trató de una interesante aventura, no solo policial, sino también numismática.

Nota

(1) Usamos el pretérito imperfecto para referirnos al proceso de impresión de los 100 dólares, porque el mismo ha cambiado con la renovación del diseño del billete. La descripción del mismo puede encontrarse en: http://www.moneyfactory.gov/uscurrency/theproductionprocess.html.

También pueden verse excelentes fotografías del proceso de impresión del billete de 1 dólar en http://darkroom.baltimoresun.com/2014/11/the-money-factory-how-a-u-s-one-dollar-bill-is-printed/.

“Numismático Digital” agradece al presidente del Centro Filatélico y Numismático San Francisco, Jorge Madonna, la autorización para la reproducción de este artículo publicado en “El Reverso” número 32, febrero 2015.

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