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La Guerra de Sucesión Castellana y el oro de Guinea (1475-1479)

La Guerra de Sucesión Castellana y el oro de Guinea (1475-1479)

Por Pedro Damián Cano Borrego

miércoles 15 de junio de 2016, 05:52h

El conflicto bélico que se desarrolló por la sucesión en la Corona de Castilla tras la muerte de Enrique IV de Trastámara entre los partidarios de su hija Juana, apoyados por su esposo Alfonso V de Portugal y Francia, y los de su hermana Isabel, la esposa de Fernando, heredero de la Corona de Aragón, tuvo uno de sus principales frentes en las costas atlánticas del continente africano.

El control del oro de la costa de Guinea, que ambos bandos reclamaban, dio lugar a una serie de enfrentamientos y batallas navales en las que las flotas portuguesas acabaron imponiéndose a las castellanas de los futuros Reyes Católicos, si bien el oro obtenido en estas expediciones y en las razias contra los barcos portugueses permitieron a estos últimos llevar a cabo durante el conflicto las primeras emisiones de excelentes.

Los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando II de Argón, por Alfonso de Mena. Capilla Real de la Catedral de Granada.

Durante el siglo XV tanto los pescadores como los comerciantes y exploradores de ambos reinos hispánicos se fueron internando cada vez más en el Océano Atlántico. Ya desde finales de la centuria anterior los alcaides de las fortalezas costeras andaluzas lanzaban algaradas en territorio norteafricano. Pronto surgieron las disputas sobre la posesión del Archipiélago Canario y sobre los territorios de la Mina y Guinea, ricos en oro y esclavos. En la primera mitad del siglo Castilla organizó la conquista de algunas de las Islas Afortunadas, mientras que los portugueses, sin renunciar a ellas, exploraron las ricas costas de Guinea.

En esta disputa el Papado otorgó una serie de bulas a favor de los intereses de los monarcas lusitanos, en detrimento de las aspiraciones castellanas, por lo que, una vez que estalló el conflicto, Isabel I reclamó para Castilla las partes de África y Guinea que le correspondían por derecho e incitó a sus comerciantes a navegar por sus aguas, lo que dio comienzo al enfrentamiento en el Atlántico.

Alfonso V de Portugal.

Como ha estudiado Anna M. Balaguer, los Reyes Católicos organizaron un auténtico corso contra Portugal, con la obligación de la percepción en Sevilla del quinto de las mercancías y la prohibición de realizar expediciones a África sin licencia, haciendo al enemigo…guerra e todo mal edanno commo adversario por quantas vias y maneras se pudiera facer. Por carta de 6 de diciembre de 1476 fechada en Toro los reyes nombraron a Luis González escribano mayor único de las carabelas y naos con destino a Guinea, y ordenaron que en cada nave fuese un escribano para que llevase la contabilidad de lo transportado, citando oro, plata, joyas y esclavos.

Carraca o nao portuguesa.

Tras el comienzo de las hostilidades naos portuguesas recorrieron las costas andaluzas apresando buques mercantes y pesqueros, por lo que los monarcas castellanos enviaron una flota de cuatro galeras al mando de Álvaro de la Nava, que frenó estas incursiones y saqueó la villa de Alcoutim. Como afirmaba Pierre Vilar, naos castellanas consiguieron capturar varias carabelas portuguesas que llevaban a bordo 6.000 doblas de oro, y sus preas llegaron hasta las mismas puertas de la Mina.

Carabela Vera Cruz.

Asimismo, los marineros de Palos se lanzaron al saqueo de las costas de Guinea. Vilar afirmaba que una de las razones para que más adelante hubiesen de suministrar los barcos del primer viaje de Colón devenía de ilegalidades cometidas en esta época. El año siguiente una flota portuguesa de veinte barcos al mando de Fernâo Gomes partió para recuperar el control del territorio, por lo que Fernando e Isabel encargaron a Carlos de Varela preparar una flota para apresarlos.

Castellano acuñado en Sevilla.

Tras varias dilaciones y derrotar a una expedición portuguesa procedente del Mediterráneo con un valioso cargamento, una armada de tres barcos vascongados y nueve carabelas andaluzas partió hacia Guinea y, al no poder dar alcance a la expedición portuguesa, saqueó la isla de Antonio de Noli y capturó dos carabelas negreras del marqués de Cádiz. El curso de las operaciones hizo que Luis XI de Francia entrase en conflicto con Castilla, lo que abrió el frente de Navarra, donde Fernando controló Viana y Puente la Reina y puso una guarnición en Pamplona de 150 lanzas, y dinamizó el conflicto en el Atlántico, dado que envió a la zona la flota del pirata normando Coullon.

Medio castellano Sevilla 1475.

En 1478 los reyes de Castilla prepararon dos flotas, una para la conquista de la Gran Canaria y otra para comerciar con Guinea. La primera de ellas, debido a la presencia de una armada lusitana, no consiguió su propósito. Tampoco los portugueses consiguieron desembarcar en la isla, por lo que, tras hacer presa en varios mercantes castellanos cargados de víveres, se dirigieron a Guinea, donde derrotaron por sorpresa a la segunda escuadra castellana, que traía gran cantidad de oro, con el que Alfonso V pudo mantener el conflicto.

Doña Juana de Castilla.

En tres cartas fechadas en 1749 en Trujillo y Cáceres, donde los monarcas combatían los focos de resistencia extremeños de Juana, los monarcas ordenaban que los que quisiesen ir a la mina de Guinea debían acudir a Sevilla o Jerez para solicitar que se les proveyese de naves de acompañamiento de la armada, para formar una flota, amenazando con la pena capital a quien se dirigiese a Guinea por su cuenta, y se establecieron impuestos especiales sobre la pesca y sobre la carga y descarga de los mercantes para financiar esta flota.

Todavía en junio de 1479 se trató de enviar una nueva expedición, pero las mismas cesaron con la firma de la paz con Portugal en septiembre de este mismo año. Como recogía Fray Bartolomé de las Casas, por el Tratado de Alcáçovas-Toledo las Canarias quedaron bajo el señorío supremo de Castilla, así como el Reino de Granada, que el monarca lusitano también pretendía, mientras que Portugal recibía los derechos sobre el Reino de Fez, así como el comercio con Guinea durante la vida de su soberano Alfonso y la de su hijo, don Juan.

Doble castellano segoviano.

Las primeras medidas monetarias tomadas por los Reyes Católicos estuvieron encaminadas a prohibir la circulación de moneda acuñada a nombre del rey de Portugal, bajo pena de confiscación de bienes y de ser quemado públicamente. Pocos días después, el 26 de junio de 1475, Isabel dio orden de que se labrasen las primeras emisiones de su reinado. Debían acuñarse tres clases de moneda de oro: el excelente, de veinticinco piezas el marco y valor de dos castellanos, el medio excelente, de cincuenta piezas, y el cuarto de excelente, de cien piezas, con ley todas ellas de veintitrés quilates y tres cuartos, o 980 milésimas de oro. Estas monedas se acuñaron hasta la promulgación de las ordenanzas de Medina del Campo de 13 de junio de 1497.

Esta moneda, de mayor peso y ley que las anteriores castellanas y de las de los reinos vecinos, estaba condenada según Sanz Arizmendi a desaparecer de la circulación o a emigrar. Para evitar su saca y a instancias de las Cortes de Toledo de 1480, recién acabada la contienda, los monarcas ordenaron que a quien sacase del reino 250 excelentes o 500 castellanos se le condenase a muerte y confiscación de bienes, y a los que llevasen menos la primera vez a confiscación y la segunda también la pena capital. Estos males fueron, según el autor antes citado, una de las causas para que los soberanos redujeran en la reforma de Medina del Campo el peso de esta moneda áurea.

Bibliografía

BALAGUER, A.M., “Documentos referentes a moneda y al comercio del oro africano del Tumbo de los Reyes Católicos del Concejo de Sevilla (1474-1492)”, NVMISMA, nº 180-185, enero-diciembre 1983, pp. 331-345.

CASAS, B. de Las, Brevísima relación de la destrucción de África, NoBooks, 2015.

DIFFIE, B.W., Foundations of the Portuguese Empire 1415-1580, vol I, University of Minnesota Press, 1985.

SANZ ARIZMENDI, C., “Las primeras acuñaciones de los Reyes Católicos”, Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 1920, pp. 67-80.

VILAR, P., Oro y moneda en la Historia (1450-1920), Barcelona, 1972.

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