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Billetes de Puerto Rico (II)

Billetes de Puerto Rico (II)

Por Ramón Cobo Huici

miércoles 06 de julio de 2016, 06:38h

En el artículo anterior hicimos mención a las primeras y más desconocidas emisiones de Puerto Rico, todas ellas originadas por la falta de numerario en la isla, consecuencia, fundamentalmente, de su dependencia de los virreinatos y de su posterior proclamación de independencia.

Debido al descrédito que tuvieron las emisiones de papel moneda, a causa de las devaluaciones que sufrieron, cesaron las emisiones en papel ocasionando que solo circulase en la isla moneda metálica, especialmente procedente de México y Venezuela, de emisiones muy antiguas y con baja calidad, llevada por la alta emigración que se produjo en los virreinatos con motivo de sus independencias.

En 1865 se funda la Caja de Ahorros de San Juan siguiendo el modelo de las peninsulares, cuyo negocio principal fue la toma de capitales a los que llegó a retribuir con un 6%, y aunque quebró en 1879 abrió el camino para que en 1873 se fundaran las cajas de Mayagüez y la de Ponce siguiendo su modelo de negocio.

La “Caja de Ahorros de Ponce”, se autorizó el 20 de Noviembre de 1872 por el Gobierno Superior de la Isla, comenzando a operar el 19 de Enero siguiente. Paralizó momentáneamente sus operaciones en 1876 y sabemos que en 1882 estaba de nuevo operativa puesto que en ese año solicitó una renovación del permiso de funcionamiento ya que este le caducaba al transcurrir los 10 años del permiso inicial. Al no serle renovado el permiso cesó definitivamente.

Esta Caja emitió billetes de 1, 3, 5 y 50 pesos, aunque otras fuentes solo señalan la emisión del valor de 50 pesos, que fueron fabricados por P.W. Derham, grabadores y editores de libros, firma de la que solo conocemos que estaba sita en Nueva York en el 15 Nassau Street. Estos billetes eran firmados manualmente por miembros de la Junta de administración del banco y circularon únicamente en la ciudad de Ponce y pueblos limítrofes, junto con la moneda mejicana y con las fichas emitidas como circulante por empresas locales. Los billetes que se conservan de este banco son escasísimos, especialmente porque se debió hacer tiradas muy cortas ya que de los balances del banco se desprende, por ejemplo, que en 1874 solo se habían emitido 3.000 pesos.

En febrero de 1895 conocemos que comienza sus operaciones el “Banco de Crédito y Ahorro Ponceño” pequeño banco que en realidad funcionó como una caja de ahorros y que, curiosamente, ha acabado, actualmente, en el holding del Banco Santander.

Ante la ausencia de moneda circulante, que llegó a ser tan acuciante que las empresas pagaban a sus jornaleros con fichas que eran admitidas por los comerciantes, este banco emitió certificados de depósito pagaderos al portador a presentación, con un interés del 0,5% anual que circularon como papel moneda en Ponce. Desconocemos el valor de estos certificados pero adjuntamos la imagen de un espécimen de “Doscientos pesos en moneda corriente” fechado en julio de 1896 que podría corresponder a los circulados y que fue impreso por la American Banknote.

En 1865 se fundó la Junta Central Republicana de Cuba y Puerto Rico en Nueva York, en la que destacaron el médico portorriqueño José Francisco Basora y su amigo Ramón Emeterio Betances. Para apoyar los movimientos independentistas la Junta emitió en 1869 bonos de 100, 500, 1.000 y 5.000 pesos, con un interés del 7% pagaderos cuando se consiguiese la independencia de Cuba y Puerto Rico, bonos con las mismas características que los peninsulares bonos carlistas y que han sido catalogados y coleccionados como billetes bancarios. Estos bonos fueron firmados manualmente por el tesorero y secretario de la Junta y validado por un sello en seco de la Junta.

Como alternativa más asequible para que se aceptase su papel, la Junta también emitió billetes de valor 1, 5, 10 y 20 pesos que se adquirieron con profusión en el Caribe y América del Norte. Por supuesto, ni los bonos ni los billetes fueron redimidos ante el fracaso de la llamada Guerra de los diez años.

Señalar que los “billetes” de 10 y, especialmente, 20 pesos alcanzan precios altísimos en el mercado del coleccionismo, a pesar de que nunca llegó a usarse en transacciones comerciales lo que pone muy en duda su carácter de papel moneda.

El 17 de diciembre de 1866 se firmó el decreto de autorización para la subasta de construcción de un ferrocarril en Puerto Rico. La concesión de construcción se dio en 1888 al ingeniero catalán Ivo Bosch i Puig el cual creó la “Compañía de los ferro-carriles de Puerto Rico”, vía férrea que debía unir San Juan con Ponce a lo largo de toda la costa, obra que se realizó a tramos sin llegar a completarse.

Conocemos de esta compañía billetes de 5 pesos fabricados en Londres por Charles Skipper & East, grabadores e impresores de documentos de seguridad, sellos, billetes y cheques. Generalmente, son billetes no numerados, especímenes validados con las dos firmas impresas y taladrados con el nombre del fabricante. Conocemos 7 variantes de color de los mismos, rojo, amarillo y verde, del “cinco” del anverso, y cuatro colores del reverso, azul, rojo, verde y marrón.

Desconocemos cuál era su ámbito de circulación, bien como uso generalizado entre el comercio de la zona donde se realizaban los trabajos o bien utilizado, únicamente, entre su personal y entre estos y sus relaciones con los servicios de la empresa, las denominadas “tiendas de raya” equivalentes a pequeños economatos. Creemos mucho más probable esta última utilización ya que los hacendados de la Isla tenían por costumbre pagar a sus trabajadores con fichas que se utilizaban como moneda interna.

El modelo adoptado es el que tiene el “cinco” en color rojo desvaído y reverso azul pues conocemos algunos billetes numerados y circulados. El billete con numeración más alta que hemos visto es el 35.524, en calidad sin circular, por lo que no lo consideramos como indicativo de la cantidad puesta en circulación.

Ya habíamos comentado que al dejar de emitirse el papel moneda a principios de siglo hubo una gran falta de moneda circulante por lo cual el gobernador autorizó la entrada de moneda macuquina, proveniente de Venezuela, que al tener unas formas defectuosas permitía que se limasen por lo cual perdían parte de su valor en perjuicio de las arcas públicas. Esta moneda se retiró en 1857 siendo sustituida por moneda española o de las repúblicas sudamericanas, especialmente mejicanas, pero debido a la política cambiaria, importando de contrabando monedas, se podía tener beneficios de un 40%, ya que se jugaba con su valor en peso de la plata al comprarla y su nominal al circular. Para evitarlo se resellaron las monedas válidas con una flor de lis, pero el resello también fue falsificado y aplicado a monedas de menor valor, con lo cual se produjo una exportación de moneda española de mayor calidad provocando una nueva escasez de circulante.

La escasez de circulante se solucionaba, de forma parcial, con nueva moneda mejicana lo que originaba una pluralidad de difícil manejo en las transacciones comerciales.

Para acabar con esta situación se promulgó un real decreto, el 17 de agosto de 1895 en el que se creaba un billete de 1 peso para canjear por la moneda mejicana en circulación, advirtiendo que dicho canje se regularía en decreto posterior.

El 6 de diciembre de 1895 se decreta la regulación del cambio de moneda prohibiendo la circulación de pesos mejicanos los cuales serían sustituidos por pesos españoles, especialmente acuñados para Puerto Rico, equivalentes a la moneda española de 5 pta. El peso mejicano sería valorado al 95% de su nominal y la moneda fraccionaria extranjera sería cambiada por otra equivalente acuñada, también, especialmente para la Isla. La moneda mejicana que se recogiese se cambiaría la mitad en plata y la otra mitad en billetes de canje aprobados en agosto, billetes que se redimirían en plata cuando finalizasen las operaciones de acuñación de la nueva moneda para Puerto Rico, acuñación que se realizaría en la Península a partir de la plata recogida en la Isla. La circulación del billete de canje cesaría a los tres meses de la recogida de la moneda mejicana, plazo en el que se estimaba que se tendría la suficiente cantidad de moneda de nuevo cuño para realizar el cambio.

Los billetes de canje fueron grabados por Bartolomé Maura y Muntaner, impresos en Madrid, figurando en ellos una viñeta con una representación del conquistador Ponce de León. En el centro del círculo blanco llevan grabado un sello en seco con la leyenda “Canje de Puerto Rico” y la imagen de un velero como referencia al Ministerio de Ultramar. Fueron impresos con doble matriz de control. Por las numeraciones que conocemos estimamos que se imprimieron 5 millones de ejemplares

Los datos que hemos encontrado nos indican que se recogieron 6.103.992 pesos entre moneda mejicana y de otras nacionalidades.

Al no poder tener previsión exacta del circulante mejicano la impresión de billetes de canje fue superior a la necesaria y parte de los sobrantes fueron adquiridos por la empresa comercial de Leopoldo Cerecedo Millán, sita en San Juan, que los regalaba a sus clientes como recuerdo de Puerto Rico grabando en la matriz izquierda “Recuerdo de Puerto Rico Agosto 22 1920 Cerecedo”.

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