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La moneda islámica… ¿por qué?

La moneda islámica… ¿por qué?

Por Almudena Ariza Armada

¿Por qué resulta tan interesante la moneda islámica para los académicos y los coleccionistas? ¿Qué tiene de especial que le otorga un plus respecto a otras monedas? ¿Qué interés puede tener para el lector de estas líneas? Parafraseando el título del libro de Carmen Alfaro Asins “La moneda, algo más que dinero” (Madrid, 1997), fruto de la exposición del mismo nombre, la moneda islámica es mucho más que dinero.

Se trata de un documento histórico de primer orden. Si bien es cierto que todas las monedas son en sí un documento histórico, como se decía antes “fuentes auxiliares de la historia”, la islámica, por su carácter epigráfico aporta mucha más información que ninguna otra.

Dinar del califa Omeya ‘Abd al-Malik, del año 79 de la hégira.

Dado que el islam desaconseja las representaciones figurativas, y prohíbe las imágenes-ídolo, tras una primera etapa en la que se modificaron los símbolos de las monedas del entorno (la Persia Sasánida y el Imperio Bizantino) adaptándolos a la nueva fe islámica, y se ensayaron algunos tipos propios (como la representación del califa, entre otros), a partir de la reforma del califa ‘Abd al-Malik (77 H./699 J.C) las monedas pasaron a ser fundamentalmente epigráficas. Será así la palabra y no las imágenes, la que identifique a moneda islámica. Y la caligrafía, por tanto, el vehículo de trasmisión de dicha palabra. Como se ha transmitido que afirmó el profeta Muḥammad (Mahoma), “la bella escritura hace que la verdad se mantenga”. Pero su valor no estará sólo en la muy destacable estética de las monedas islámicas por la belleza de su caligrafía, sino en el Mensaje con mayúsculas y el mensaje con minúsculas que trasmiten.

Dirham del califa Omeya al-Walīd I acuñado en la ceca Arminiya el año 95 de la hégira.

Las leyendas grabadas en sus cuños son tanto de carácter religioso como de carácter político. Las primeras, no solamente ponen de manifiesto la fe islámica afirmando la unicidad de Dios y la misión profética de Muḥammad, sino también, el mensaje ideológico que se quería transmitir, recurriendo a la selección de algunos pasajes coránicos. Mensajes religiosos escogidos cuidadosamente que ponen de manifiesto la ideología de las diferentes dinastías, estrechamente ligados a los diversos acontecimientos y diferentes momentos históricos. Las segundas, en general, recogen el nombre del califa con sus títulos y sobrenombres honoríficos (laqab-es), tampoco éstos elegidos al azar. Junto al nombre de la máxima autoridad del momento figurarán frecuentemente otros nombres, en ocasiones de altos dignatarios de la administración, como el Jefe de la Ceca, otras veces de importantes personajes políticos, algunos de los cuales llegaron a constituir poderes semiindependientes. Pero la información que ofrece la moneda islámica va más allá al incluir, por norma general, el lugar y la fecha de acuñación de la moneda. Ello, no es ya sólo que permita datar los hallazgos arqueológicos, que no es poco, sino que permite corroborar, corregir y ampliar considerablemente la información que nos proporcionan las fuentes literarias. Y siempre teniendo en cuenta que, a diferencia de éstas, la moneda es un documento imparcial, no condicionado por el punto de vista o los intereses del historiador, cronista, geógrafo o poeta de la época.

Imitación cruzada, probablemente de los Cruzados del Yemen, de un dinar fatimí.

Instrumento de transmisión de la ideología del poder, como dinero tampoco fue poca cosa…. las monedas de todo el Imperio Islámico se ajustaban a los estándares de calidad (peso y fineza) establecidos por el Estado, como medio fundamental para recaudar impuestos y desarrollar el mercado y las prácticas financieras. La calidad de la moneda islámica medieval, base del sistema fiscal, la convirtió en la primera divisa comercial del Mediterráneo. Pero no solamente fue el instrumento de intercambios comerciales entre musulmanes en el mundo islámico (Dār al-Islām), que abarcaba desde la-Andalus a la India, sino que fue también utilizada por los comerciantes cristianos. Su valor como medio de pago hizo que fuera imitada en más de una ocasión por los cristianos para el comercio con los países islámicos, buscando con ello los beneficios económicos que les proporcionaría la moneda más prestigiosa del Mediterráneo. Tanto los dinares de oro, como los dirhames de plata, monedas sobre las que se fundamenta el sistema monetario islámico, fueron objeto de copia e imitación por parte de nobles, obispos y comerciantes. Así, por ejemplo, en algunos territorios cristianos peninsulares se imitaron los dinares califales andalusíes dando lugar a los famosos mancusos, o en el sur de la actual Francia se falsificaron los dirhames almohades, produciendo así los célebres millareses. Incluso los mismos Cruzados llegaron a imitar la moneda islámica.

Millarés. Imitación de los dirhames almohades.

Calidad monetal que no sólo dio estabilidad al sistema económico, sino que también prestigiaba la imagen del gobernante, manifestando ante el mundo su poder. El Poder que se revelaba a través de la moneda la convertía, así mismo, en un elemento legitimador. Junto a la juṭba (el sermón pronunciado en las mezquitas en la oración comunitaria de los viernes al medio día), en la que pronunciaba el nombre del califa como signo de fidelidad, la acuñación de moneda se convirtió en un medio fundamental para que los diferentes poderes territoriales expresaran el reconocimiento a la soberanía califal. Al mismo tiempo que la acuñación a nombre del califa del momento legitimaba a los poderes locales.

Prof. Dra. Almudena Ariza Armada

New York University, Madrid

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