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La basmala y la moneda islámica

La basmala y la moneda islámica

Por Almudena Ariza Armada

Bi-smi Allāh al-Raḥmān al-Raḥīm (“En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso”) (ﺑﺴﻢ ﺍﻠﻠﻪ ﺍﻟﺮﺣﻤﻦ ﺍﻟﺮﺣﻴﻢ): con estas palabras comienza el Noble Corán y se encabezan todas sus azoras (sura; pl. suwar) o capítulos, a excepción de la IX, la “Azora de la Contrición” (Surat al-Tawba).

No hay consenso sobre si esta fórmula se debe considerar como una aleya (al-‘āya) o versículo como tal, o si no lo es, a excepción de su aparición en la XXVII, la “Azora de las Hormigas” (Surat al-Naml), donde la basmala , además de estar en su comienzo, constituye la aleya 30.

Según algunos comentaristas del Corán esta expresión, denominada con el sustantivo basmala, ha de interpretarse en el sentido de “Comienzo en/con el nombre de Dios…”; según otros, como una suerte de juramento: “Por el nombre de Dios…”. En cualquier caso, pasó a encabezar, al menos en su forma abreviada (bi-smi Allāh), prácticamente cualquier tipo de acto llevado a cabo por un musulmán en su vida cotidiana, especialmente aquellos que conllevan un fin moralmente positivo. Así, se pronuncia antes de la lectura de cualquier pasaje del Corán, al empezar a comer, beber, tomar un medicamento, al ayudar a alguien o dar una limosna, al pronunciar un discurso, al comenzar una clase, al comenzar a conducir, viajar…, en fin, al comienzo de cualquier actividad. Asimismo, se hace constar encabezando todos los documentos y diversos escritos.

Además, tanto su pronunciación como su escritura poseen un carácter protector, profiláctico y benefactor. La creencia de que mantiene alejado a Satanás y a lo malo y perjudicial que pueda acaecer ha hecho que se utilice frecuentemente, tanto en los amuletos como, sencillamente, en objetos y elementos relacionados con el hogar, convirtiéndose en uno de los textos más representados por la caligrafía islámica.

Algunos comentaristas sunníes afirman que la basmala contiene en sí misma la totalidad de la ley (šarī‘a); mientras que los šī‘íes consideran que todo el Corán se contiene en ella, estando ‘Alī (primo y yerno del Profeta y primer Imām šī‘í) representado en el punto de la letra ≥ b ≤ en árabe (bā’) con la que comienza la expresión.

No es por tanto de extrañar que, como todo documento o acto llevado a cabo por los musulmanes, cuando éstos acuñaron las primeras monedas islámicas lo hicieran “En el nombre de Dios”, de manera que, desde el mismo origen de la moneda islámica, la basmala se convirtió en un elemento fundamental de la moneda, es más, en el primer texto árabe introducido en las monedas islámicas.

En un primer momento, el naciente imperio islámico adoptó buena parte de las infraestructuras y recursos de los territorios que fueron conquistando, incluida la moneda. Así, utilizaron la moneda de plata de la Persia Sasánida y la de oro y cobre del Impero Bizantino como base para crear su propio sistema monetal. En una primera fase, de transición, se mantuvieron los tipos ya existentes, modificando algunos tipos iconográficos de carácter cristiano, grabándoles las leyendas básicas que identificaban al nuevo Estado: la basmala y la šahāda o profesión de fe islámica (“no hay dios sino Dios y Muḥammad es el Enviado de Dios” Lā ilāha illā Allāhu wa-Muḥammad rasūl Allāh).

Dinar que modifica el tipo bizantino de la cruz sobre gradas, con la profesión de fe:
ﻣﺤﻤﺪ ﺭﺳﻮﻝ ﺍﻠﻠﻪ ﻭﺤﺪﻩﻻ ﺍﻟﻪ ﺍﻻ ﺍﻠﻠﻪ (Lā ilāha illā Allāhu waḥdahu Muḥammad rasūl Allāh)
“No hay dios sino Dios, Único, y Muḥammad es el Enviado de Dios”.
Dirham arabo-sasánida con la basmala abreviada: Bi-smi Allāh (ﺑﺴﻢ ﺍﻠﻠﻪ ).

La basmala se grabó frecuentemente en la moneda en su forma abreviada, pero también se combinó dicha abreviación con otro de los otros 99 Más Bellos Nombres de Dios, no sólo con “El Clemente” y “El Misericordioso” que constituyen la basmala completa, con la referencia a Su Poder, con el nombre de “El Rey” (Bi-smi Allāh al-Malik). Del mismo modo, se usó esta forma abreviada para componer expresiones piadosas, al combinarla con otros atributos de la Divinidad como, por ejemplo, Bi-smi Allāh rabbī (“En el nombre de Dios, mi Señor”)y su variante Bi-smi Allāh rabb al-ḥukm (“En el nombre de Dios, Señor del Juicio”), entre otras.

Dirham arabo-sasánida con la basmala abreviada y el Nombre Divino al-Malik: Bi-smi Allāh al-Malik
(ﺑﺴﻢ ﺍﻠﻠﻪ ﺍﻟﻤﻠﻚ).

Con posterioridad, superada esta primera fase inicial, tras la reforma monetal llevada a cabo por el quinto califa omeya ‘Abd al-Malik b. Marwān el año 77 H./699 J.C., la moneda islámica pasará a ser puramente epigráfica. Y las leyendas monetales, como cualquier otro tipo de texto, serán encabezadas por la basmala. Ésta se situará en la parte superior de la moneda, iniciando la leyenda marginal. No es una casualidad: la leyenda marginal hace referencia al acto en sí de la acuñación de la moneda, seguido de la mención al tipo de moneda de que se trata y el lugar y la fecha de acuñación: “En el nombre de Dios se acuñó este dinar/dirham en (ceca) el año (x)”.

Anverso (oI.A.-primera área-) de un dirham de ‘Abd al-Raḩmān I, acuñado en al-Andalus el año 154H./770-771 AD.

Por tanto, la basmala no sólo encabezará el documento sino el acto en sí de la acuñación, legitimándola desde un punto de vista religioso.

Es interesante destacar que, en algunas emisiones tempranas, esta forma habitual de la fórmula de ceca y año precedida por la basmala, que se generalizará en la moneda islámica medieval, podemos encontrarla con diferente ubicación en el flan de la moneda: comenzando con la basmala como leyenda central del área y continuando el resto de la fórmula en su lugar habitual, como leyenda marginal.

Dinar de al-Andalus acuñado en el año 102H.

Prof. Dra. Almudena Ariza Armada

New York University, Madrid

[email protected]

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