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Las “monedas elongadas”

Las “monedas elongadas”

Por Miguel Ángel Fernández

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:47h
Recientemente, se publicó en este semanario “Numismático Digital”un amplio reportaje bajo el título “Las chapas de 5 céntimos”, sobre las denominadas “monedas elongadas”. A través de este artículo, intentaremos dar luz sobre este tipo de monedas y su coleccionismo en todo el mundo. Moneda “elongada” es la traducción literal al castellano del término genérico más utilizado en inglés para este tipo de piezas que son las Elongated Coins. (Leer +)
El verbo “elongar” significa según la R.A.E. “alargar, estirar, hacer algo más largo por tracción mecánica”. Y es precisamente eso lo que hacen este tipo de máquinas, aunque según es considerada la acción realizada, en los Estados Unidos se utilizan igualmente otras denominaciones, como pressed (presionada), squished (deformada), crushed (aplastada), etc. En cualquier caso tanto la acción realizada por la máquina como el resultado final son siempre los mismos.


Básicamente consiste en hacer pasar una moneda, normalmente de bajo valor, por entre dos rodillos metálicos de una máquina que tienen grabado un motivo previamente elegido. Estos rodillos ejercen una gran presión sobre la moneda (de alrededor de 20 toneladas) haciendo que adquiera una forma ovalada a la vez que se imprime sobre ella el diseño existente en el rodillo.

¿Desde cuándo existen?

Está generalmente aceptado que las primeras máquinas de monedas elongadas aparecieron en los Estados Unidos, entre los años 1892-1893, concretamente durante la World’s Columbian Exposition en Chicago, coincidiendo con la celebración del IV Centenario del descubrimiento de América. Su inventor fue Charles Damm.


Charles Damm fue el inventor de las máquinas para fabricar las Elongated Coins.

En Europa, según averiguaciones bastante recientes, se considera que la primera pieza de este tipo, se pudo conseguir pocos años después, concretamente entre mayo y octubre de 1898 en Viena durante la Jubiläumsausstellung (Feria aniversario) que conmemoraba los 50 años de gobierno del emperador Francisco José I.

Se podría decir que las monedas elongadas tienen más de 120 años de historia, pero no durante todo ese tiempo se han realizado del mismo modo, ni con la misma facilidad que en la actualidad, ni en todos los países por igual. Así en los Estados Unidos se podían encontrar en sus orígenes (1892-1965) exclusivamente en ferias, exposiciones y similares.


Según decaía la instalación de máquinas en estos eventos, empezaron a aparecer firmas privadas (comerciantes o particulares) que las utilizarían de forma individual (1965-1985), vendiendo o regalando las piezas producidas por ellos mismos, normalmente como reclamo publicitario y su éxito llevó a que a partir de dicha fecha (1985) aparecieran las primeras máquinas comerciales, con idea de instalarlas en cualquier lugar susceptible de generar un beneficio, tanto al instalador de la máquina como al propietario del establecimiento, lo que ha hecho que en los últimos 25 años ya sean miles las máquinas de este tipo repartidas por todo el mundo.

¿Y en Europa?

Aunque existen ejemplos aislados de máquinas en España y países como el Reino Unido que hace bastantes años que disponen de algunas, en Europa y particularmente en España, se han empezado a instalar estas máquinas con algo más de ritmo desde la entrada del Euro (2002), principalmente por dos causas, la primera la similitud de la más habitual de las monedas que se elonga en Estados Unidos, el centavo de dólar (aunque también se elongan monedas de 5, 10 y 25 centavos) con las monedas de baja denominación en Euros.


Concretamente el centavo USA estaría comprendido entre las monedas de 2 y 5 céntimos de euro (ambas utilizadas en máquinas europeas), tanto por su peso como por su tamaño, lo que hace fácilmente adaptables las primeras máquinas llegadas desde los Estados Unidos a estas monedas europeas, además de suponer la uniformidad de dichas monedas en toda la Unión Monetaria una facilidad de circulación de estas primeras máquinas de un país a otro. La segunda razón y también propiciada por esa “uniformidad” es la eliminación común de la prohibición de la destrucción de la moneda, si esta se realiza en pequeñas cantidades y sin fines fraudulentos. Hasta la entrada del euro, muchos países europeos, entre ellos España, tenían leyes que penaban la destrucción de la moneda fuera cual fuera su cantidad y destino final, por lo que utilizar una máquina de estas entraría dentro de la ilegalidad.


En España, como comentaba, existen algunos ejemplos anteriores al euro, de máquinas americanas adaptadas para elongar monedas de 5 pesetas de las últimas que existieron (de módulo pequeño), pero no se ha conseguido confirmar hasta el momento que dichas máquinas existieran mas allá de 1998.

La máquina

Aunque la finalidad de la máquina es siempre la misma, existen multitud de modelos distintos. Cada fabricante le da su toque particular tanto en el diseño del armazón como en las particularidades del mecanismo. Las hay automáticas, necesariamente eléctricas por tanto y las hay manuales (las más comunes en España). En las eléctricas no se requiere prácticamente ninguna acción por nuestra parte, pero en las manuales, el movimiento del mecanismo lo produce el usuario mediante una manivela o volante (dependiendo del modelo).


Las máquinas proporcionan desde uno a cuatro diseños distintos, en las eléctricas se suele seleccionar cuál de ellos nos interesa simplemente pulsando un botón y en las manuales deberemos girar el mecanismo previamente a la introducción de la moneda (mediante la misma manivela) hasta la posición en la que se encuentra el diseño que nos interesa conseguir.


La empresa instaladora de la máquina, que no siempre es propietaria de la misma, suele dotar a esta de un aspecto afín al lugar en el que se encuentra, dotándola de colores y/o fotografías atractivas y diferenciadoras, para provocar la atención del usuario. Se encuentran situadas siempre en lugares de frecuente tránsito de personas, como cualquier lugar turístico, enclaves culturales o religiosos, parques de atracciones, zoológicos, etc. Existen ya fabricantes de máquinas de monedas elongadas en Europa (Alemania, Francia, etc) y varios instaladores en nuestro país, que en su mayoría se surten de dichas máquinas y de otras de los Estados Unidos.

Las monedas

Evidentemente, la moneda elongada, que nos llevaremos con nosotros tras haber pasado por la máquina, ha perdido todo su valor como moneda, quedando convertida en una simple medalla ovalada sin ningún posible uso como dinero que era antes, pasando a ser una pieza más de la exonumia, esa pseudociencia vinculada a cualquier pieza similar a una moneda y afín a la numismática, no siendo claramente una moneda en si misma al igual que ocurre con los tokens o jetons.


Ha dejado de ser una moneda cualquiera para convertirse en un recuerdo, en una medalla, con un acabado alusivo al lugar visitado, normalmente con alguna leyenda indicando lo que representa o el lugar donde la conseguimos. Como en cualquier medalla, el detalle principal suele ser alusivo al lugar que quiere recordar, suele quedar troquelado en el centro del espacio disponible, agrandado por la expansión del metal al pasar por la presión de los rodillos. Este motivo suele estar rodeado por algún tipo de grafila, de puntos, lisa y en ocasiones aprovechada para grabar las iniciales del fabricante o distribuidor o alguna dirección de Internet. La disposición del diseño puede ser vertical u horizontal. El diseño puede ser más o menos detallado, utilizando solo perfiles o relleno utilizando algo mas las tres dimensiones, pero en cualquier caso, limitado a la expansión del metal existente en la moneda original, que debe llenar todos los espacios creados en el molde.


Tanto si se utilizan 2 o 5 céntimos de euro para crear la moneda elongada, el tamaño final es muy similar, pero en la de 2 céntimos el grosor definitivo es sensiblemente menor, dándole un aspecto algo más frágil. Existen ejemplos en otras monedas origen, como pueden ser monedas de 10 céntimos de euro, pero son una minoría de momento, aunque a mi parecer ganan en vistosidad, no solo por su aspecto dorado, sino también porque la aleación de la que están hechas no se oxida como sí ocurre con las de 5, 2 y 1 céntimo de euro, que incluyen hierro en su aleación.


En algunos casos, teniendo en cuenta los impedimentos legales propios de algún país, indicados anteriormente, para la destrucción de una moneda de curso legal, se utilizan cospeles de metales varios, simulando la moneda original para troquelar sobre ellos la moneda elongada e incluso en casos de máquinas itinerantes, por exposiciones o similares, se utilizan monedas del país de origen de la máquina para no tener que modificar su mecanismo en cada país por el que pasa.

Y aunque cuando se descubre por primera vez una máquina de monedas elongadas se suelen troquelar con el propósito exclusivo de tener un recuerdo de dicho lugar, en algunos casos despierta el gusanillo del coleccionismo que algunos llevamos dentro.

El coleccionismo

Como con cualquier objeto del que se pueden conseguir más de un ejemplar distinto, las monedas elongadas, además de un souvenir, son perfectas para el coleccionismo. Un objeto pequeño, fácilmente acumulable, que se puede ordenar a gusto del coleccionista y convenientemente expuesto es de una vistosidad indudable. Valor de la colección, para un profano, evidentemente cero, para el propio coleccionista muchísimo, sobre todo valor sentimental.

El coleccionista disfruta buscando la pieza deseada, la cataloga, la ordena, la limpia, la expone, como uno de sus tesoros y pasa a formar parte de un "todo", sin ella su colección no sería la misma y deseoso de conseguir todas las que quedan por llegar, consciente a su vez de que es una colección sin fin, no como pasaría con un álbum de cromos, que pierde parte de su encanto en cuanto se ha completado.


Como con cualquier otro coleccionable similar (monedas, sellos...), la colección de monedas elongadas se adaptará al gusto del coleccionista. Siendo un elemento con más de un siglo de existencia, el número existente es inimaginable, posiblemente millones distintas. En el caso de los Estados Unidos, al que nos tenemos que referir obligadamente, pues en Europa todavía es demasiado nuevo este asunto, existe todo un mundo alrededor del coleccionista de monedas elongadas, clubs, catálogos, convenciones, tiradas limitadas, comercio de monedas desaparecidas, material para su coleccionismo, etc. El último catálogo general de la moneda elongada en los Estados Unidos es de 1990 y tiene nada menos que 1.700 páginas: “Encyclopedia of the Modern Elongateds”.


El precio de una moneda elongada que ya no se pueda conseguir en ninguna máquina activa adquirirá un precio de venta superior al original dependiendo de la tirada existente, de su antigüedad, de la popularidad del tema representado, de la moneda matriz sobre la que esté troquelada (si es distinguible) y por supuesto del estado de conservación en que se encuentre y de la demanda que suscite. Existe un impresionante mercado de monedas elongadas en Internet, solo hay que buscar un poco por los tradicionales portales de venta o subasta online. Igualmente existe un mercado paralelo, similar al de la numismática tradicional, de materiales pensados especialmente para las monedas elongadas, como pueden ser álbumes, cartones de ventana ovalada o hasta productos para su limpieza.


Ese volumen inabarcable de monedas elongadas hace que muchos coleccionistas se "especialicen". Hasta hace unos años, con la casi exclusividad de monedas americanas, las especializaciones eran básicamente por temas, como podrían ser zoológicos, parques de atracciones, personajes Disney, jugadores de beisbol, etc. En Estados Unidos se tienen contabilizados aproximadamente un millar de grandes coleccionistas genéricos con colecciones de miles de ejemplares, pero muchos miles más de coleccionistas con colecciones algo más modestas, especializadas en alguna temática concreta. Actualmente en Europa, la especialización puede ser por países, algo muy atractivo y cercano, aunque igualmente siguen existiendo esos “coleccionistas globales”, que acogerán gustosamente cualquier moneda elongada sea cual sea su temática o su país de origen.


Actualmente es perfectamente asumible una colección de todas las monedas elongadas de cualquier país de Europa. Alemania que encabezaría el ranking europeo rondará en estos momentos las 600 máquinas instaladas, que a una media de 3 moneda por máquina (suele cumplirse bastante bien) serían 1.800 monedas elongadas y España estará actualmente superando el centenar de máquinas, es decir unas 300 monedas.


La especialización de las colecciones en España no se hace tan necesaria, por cuanto el volumen total es asumible, pero empiezan a aparecer coleccionistas que demuestran su predilección por ciertos temas concretos, como pueden ser los zoológicos (o sus animales), las imágenes religiosas o las monedas de una cierta región o comunidad autónoma, para hacer la colección algo más limitada y afín a sus gustos, pero lo esencial de todo este asunto es que los límites los marca el propio coleccionista.

Por dónde empezar

Los instaladores en España son aún un poco reacios a difundir la información de las ubicaciones de sus máquinas, están tomando posiciones en los orígenes de un negocio que parece tener bastante campo de acción y no quieren darle más pistas de las necesarias a sus posibles competidores. En cualquier caso, existen algunas páginas de internet, en las que se puede encontrar información sobre la localización de algunas de estas máquinas y si solemos viajar, sobre todo a zonas turísticas, no será difícil encontrarnos con alguna de ellas.


Aunque su fin primero es el de souvenir, para cualquier coleccionista numismático será más que evidente el sistema a seguir para empezar a coleccionarlas, pero por si alguien se adentra en el coleccionismo de las monedas elongadas sin previa experiencia en el coleccionismo numismático, aquí van unas pequeñas máximas para facilitar algo el terreno:

• El coleccionista (no así el simple turista) cuando acceda a una de estas máquinas, no se limitará a conseguir un único juego para su colección, intentará hacerse con repetidas, un juego por lo menos, que le permita intentar un intercambio con otro coleccionista.
• El coleccionista llevará siempre encima unas cuantas monedas de 5 céntimos (las más habituales) lo mas nuevas y relucientes posible para conseguir unas monedas elongadas especialmente atractiva
• El coleccionista difundirá cualquier dato que considere relevante para el resto de coleccionistas, como fotografías, situaciones de las máquinas, etc, conseguido durante sus búsquedas.


El número de coleccionistas está directamente relacionado con el nivel de conocimiento del objeto coleccionable, por lo que tal y como aumente el número de máquinas y la difusión de la información sobre ellas, crecerán en igual medida los coleccionistas. Sin ninguna duda, si se siguen instalando máquinas en España, dentro de unos años existirán colecciones de monedas elongadas españolas, dignas de admirar. En la actualidad se están moviendo en España los primeros grupos interesados en su coleccionismo organizando intercambios y compras conjuntas y día a día crece su número.

Miguel Angel Fernández
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