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El billete de 500 pesetas del 28 de enero de 1907

El billete de 500 pesetas del 28 de enero de 1907
miércoles 01 de julio de 2015, 04:49h
En los dos artículos anteriores hemos comentado algunos de los errores detectados en los datos ofrecidos por el Banco de España en su libro “Los billetes del Banco de España” en su edición de 1979, libro, por otra parte, que tanto en su contenido como edición nos parece magnífico.

En los comentarios nos habíamos centrado, fundamentalmente, en las emisiones efectuadas por la casa inglesa Bradbury, Wilkinson & Cº pero obviamos referirnos al billete de 500 pesetas de 28 de anero de 1907 ya que creímos que merecía un comentario especial debido a las diferentes opiniones existentes en cuanto a sus posibles falsificaciones y aunque con el presente artículo no pretendemos solventar totalmente las dudas sí puede servir como reflexión y, además conocer ejemplares relacionados con dicho billete.

Por los datos de emisión y fabricación que ofrece el Banco de España sabemos que, en general, los billetes de 500 pesetas fueron aquellos que circularon en menor cantidad durante el siglo XIX y primer cuarto del XX.

La primera emisión de 500 pesetas que se puso en circulación en el siglo XX fue el billete emitido con fecha Octubre de 1903 y puesto en circulación en abril de 1906. Según el Banco, en agosto del mismo año ya se detectaron falsificaciones lo que obligó a su retirada.

En estas fechas ya se habían efectuado los pedidos definitivos de los billetes de 100, 25 y 50 pesetas a Bradbury por lo que, aún sin tener el dato, es de suponer que en el último trimestre de ese mismo año se tomase contacto con la imprenta para que realizase un billete de 500 pesetas.

Como era habitual, Bradbury debió presentar el posible nuevo billete con pruebas de anverso y reverso en diferentes colores. Conocemos pruebas de anverso iguales al billete definitivo pero variando los colores de la litografía de los fondos, y de reverso con el mismo diseño adoptado, pero en colores diferentes, verde, azul y gris. Estas pruebas se efectuaron sin fecha, firmas, ni tipología de la numeración a expensas de que el banco aprobase el modelo y definiese estos elementos.


En fecha 21 de marzo de 1907 se presenta al banco pruebas de anverso y reverso de lo que será el modelo definitivo, con la única variante de que la numeración se ofrece en negro. Conocemos estos datos ya que se conservan pruebas fechadas en su reverso.

Posteriormente se presenta al banco el billete, con las características de las pruebas anteriores, ya efectuado sobre el papel de la emisión, y el Consejo del banco da su aprobación al modelo, con fecha 20 de mayo de 1907. En imagen presentamos el billete de aprobación firmado por el Secretario General del Consejo Gabriel Miranda.


El primer pedido se hizo por la cantidad de 1.000.000 de ejemplares, ya que conocemos el ejemplar de control de fabricación. Desgraciadamente desconocemos en qué fecha fue hecho el pedido ya que no figura, o lo han borrado, el dato en el margen del billete.

Teniendo en cuenta que entre la fecha de aprobación y la de pedido pasaban muy pocos días y que entre la fecha de pedido y la recepción de los billetes en la sede del banco era del orden de seis meses (estos plazos los conocemos por datos de otros billetes) creemos que los billetes de 500 pesetas estarían a disposición del banco alrededor de enero de 1908.

Según los datos del banco, el billete se puso en circulación en enero de 1909, lo que parece indicar que no debía existir muchas necesidades de este tipo de billetes cuando se tardó un año en ponerse en circulación.

Conocemos, también, por los datos del billete de control de fabricación, que con fecha de 27 de enero de 1916 se hizo un segundo pedido de otro millón de efectos.

El billete fue retirado de la circulación en enero de 1925

Desde el punto de vista coleccionístico hay una gran polémica sobre la posibilidad de existencias de falsos de época vendidos como auténticos, por lo que consideramos muy interesante analizar este asunto dada la trascendencia económica, ya que su actual valor comercial es muy alto.

La polémica reside en que aparecen billetes circulados, en un número elevado, con numeraciones superiores a 2.000.000, cuando el Banco de España indica que sólo se emitieron billetes por esa cantidad, lo que hace pensar que son falsos los que superen esa numeración.

Si se analizan con relativo cuidado los billetes con numeración superior a los 2 millones, no se consigue ver diferencias notables, respecto a los de numeración inferior, que hagan pensar en una falsificación, a excepción de que el color de los dígitos de numeración baja son rojos mientras que los otros son granates.

Para comenzar diremos que no tenemos noticias de que el Banco de España detectara una gran cantidad de falsos que le obligara a dar instrucciones especiales y en caso extremo a retirar la emisión, lo que no se compagina con la abundancia de ejemplares que se ven en la actualidad con numeración superior a los 2 millones. Por otra parte, el hecho de que se hiciese un segundo pedido después de 7 años del primero y que el Banco de España lo tuviese en circulación 16 años hace pensar que las falsificaciones debieron ser mínimas.


Por supuesto, se conocen falsos con numeración superior a 2 millones, como el que ponemos en imagen, falso certificado por el Banco al ser desmonetizado con el taladro de puntos “FALSO” y las firmas de autorización del uso del mismo; también se conocen falsos con números inferiores a 2 millones y la desmonetización del Banco.

Estudiados el billete auténtico y el falso que tenemos es dificilísimo apreciar las diferencias.

Por descontado que el falso no estará hecho con calcografía ya que es dificilísimo, y menos en la época, reproducir un billete y hacerlo en calcografía, por lo que se efectuaban en litografía. Primeramente debía fotografiarse el billete para obtener los fotolitos, fotografías que deberían hacerse con filtros para obtener una plancha para cada color, después, mediante fotograbado, se obtenían las planchas y posteriormente se realizaba la impresión de forma que hubiese un ajuste de las diferentes planchas; estos pasos van sumando errores lo que hace que con un análisis medianamente cuidadoso haya diferencias importantes entre el original y el falso.

La falta de relieve en los billetes falsos carece de importancia ya que al hacerlos circular con aspecto de usado no se apreciaría si le falta o no relieve; por otra parte la calcografía de los billetes españoles de Bradbury de esa época tienen muy poco relieve.

Detalle de billete auténtico.


Detalle de billete falso.

Al comparar el billete auténtico y el falso no observamos desajustes en colores, la única diferencia apreciable claramente es el punteado de fondo detrás de las matronas: En el billete auténtico el punteado es más espaciado que en el falso, formando la figura del 5 de un dado, mientras que en el falso la figura es la del 4 del dado. También se observan pequeñas diferencias en el gesto de las bocas de las matronas o en los finales de las cartelas del reverso que encuadran “BANCO DE ESPAÑA QUINIENTAS PESETAS” pero las diferencias son tan pequeñas que podrían atribuirse con un poco de buena voluntad a desgastes de la plancha de impresión.

Nuestra conclusión es, admitiendo que existe una falsificación, es que la falsificación es espectacularmente buena.

D. Félix Cuquerella ha puesto a nuestra disposición, para su estudio, un billete de numeración superior a 2 millones sin la calificación de falso por el Banco de España.

Revisado visualmente el billete y comparado con el auténtico, no conseguimos ver diferencias apreciables en calcografía o coloración y el punteado de fondo, diferenciador en el falso certificado, es idéntico al del billete auténtico.

Según el Sr. Cuquerella, el billete, en mano, presenta un papel ligeramente más grueso que los de numeración inferior a 2 millones.

Con las premisas anteriores no podemos diferenciar los billetes con numeración inferior o superior a 2 millones más que en el color de la numeración y en una posible diferencia de grosor en el papel. Si tenemos en cuenta que en la aparición de los primeros billetes de la emisión y la posible de los numerados 2 millones pueden haber pasado hasta 15 años creemos que dicha variación podría atribuirse al fabricante, por haber variado ligeramente los elementos de fabricación, más que a una falsificación; por otra parte, baste recordar, como hemos visto en un artículo anterior, que en los billetes de 25 pesetas de 1906 se aprecian diferencias notabilísimas de color y tamaño, especialmente en los reversos, y no existen dudas en cuanto a su realización por Bradbury.

Por otra parte si pensamos en que los billetes de numeración superior a 2 millones son falsos nos planteamos las siguientes cuestiones:

¿Cómo es posible que un falsificador que ha llegado a conseguir un billete casi, o sin casi, perfecto puede cometer el tremendo error de numerar sus billetes con números imposibles y detectables por cualquiera?

¿Cómo habiendo conseguido imitar perfectamente el diseño de los dígitos de la numeración, cosa que la mayoría de las falsificaciones no consiguen, no han podido lograr el “rojo Bradbury” si ello es relativamente fácil?

¿Cómo el Banco de España no hizo pública esta falsificación que, en teoría, debería haber tenido una gran difusión dado el gran número de ejemplares que conocemos?

¿Son fiables los datos del Banco de España sobre el número de billetes auténticos fabricados cuando hemos visto en los dos artículos anteriores que en otros billetes de esa época esos datos tienen grandes errores?

No somos capaces de aseverar la falsedad o no de estos billetes pero si tuviésemos que inclinarnos por una de las dos posturas sería por la de que fueron impresos por Bradbury.

Otro tema es si esos billetes fueron o no legales. Hace años y ante las preguntas del editor del catálogo FILABO sobre esta cuestión, también nos definimos por su autenticidad y acuñamos el término de falso fiduciario, auténtico pero no legal, aunque el autor del catálogo adornó algo más la contestación, pero hoy no nos atrevemos a decir solamente que “para mi es auténtico” sin profundizar más hasta que algún nuevo dato nos de oportunidades de retomar el estudio, ya que consideramos como no enteramente fiable el dato de 2 millones de ejemplares fabricados.

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