www.numismaticodigital.com

“Per aes et libram”

“Per aes et libram”

Por Pedro Damián Cano Borrego

miércoles 20 de abril de 2016, 04:25h

En la Roma Antigua, el bronce en bruto, aes rude, se utilizó para las transacciones monetarias durante los primeros siglos de su historia. Para comprobar su peso y valor, se utilizaba la balanza en cada transacción, de donde procede el término aestimare, apreciar. Las compraventas se conocían por la locución per aes et libram, por el bronce y la balanza.

En sus inicios, la moneda romana era muy tosca, y consistía en trozos de una aleación de un 80% de cobre y un 20% de cinc conocida como oricalco. Estos aes rude, que en un principio no tenían diseño ninguno, comenzaron más adelante a llevar grabadas representaciones de animales, normalmente ganado, de cuyo nombre latino, pecus, derivó el término pecunia, que en un primer momento significaba riqueza, fortuna y también por extensión moneda. En un principio los lingotes tenían un peso de dieciséis onzas.

Aes rude.

Posiblemente hacia el siglo V a.C. estas piezas estaban ya acuñadas con la representación de un buey o toro, los conocidos como aes signatum, y en ocasiones de otros animales domésticos como un cerdo o un carnero. En un sistema económico como el de la Antigua Roma, donde el ganado era la base de la riqueza, el término capitalis, capital, derivó de la palabra caput, cabeza de ganado, y asimismo el término caudal, con el que hoy en día se denomina la hacienda o cualquier tipo de bienes y el dinero.

Aes signatum con imagen de un toro.

La moneda romana propiamente dicha fue el conocido como as libral, que data de la época en la que Roma había conquistado ya Antium y su territorio ocupaba unos 6.000 km2. Era ya una moneda de forma circular, con el busto de Jano bifronte, el patrón de los principios y los finales, en su anverso y la proa de una nave en su reverso, representando el futuro poderío naval de la República.

Aes libral con cabeza de Jano bifonte y nave.

Hacia el 269 a.C. el valor de la moneda se indicaba con una barra en los aes, con una S en los semis y en sus fracciones, triens, quadrans y sextans, de acuerdo con su valor en uncias, la base del sistema monetario. En un comienzo los aes pesaban una libra, y estaban divididos en doce quinarios u onzas. En los negocios relacionados con las res mancipi, que eran todas aquellas cuya propiedad se transmitía por el derecho civil de forma solemne mediante la mancipatio o la in iure cessio, las cosas mancipables eran aquellas que en la sociedad agrícola romana eran las de mayor valor, como las heredades, los fundos o tierras, las cosas situadas en Italia, los animales de carga y los esclavos. Todas las demás cosas se consideraban como res nec mancipi. En los negocios de enajenación de estas res mancipi debía seguirse el formalismo solemne del gestum per aes et libram. Según el jurista Gayo, en presencia de cinco testigos, ciudadanos romanos y púberes, y de otra persona que sostenía la balanza y actuaba de fiel contraste, el libripens, el comprador o mancipio accipiens sostenía un trozo de cobre, conocido como raudusculum, tenía que hacer la afirmación categórica de que la cosa vendida era de su propiedad de conformidad con el derecho de los Quirites, los ciudadanos de Roma, hacía la compra mediante el cobre y la balanza: “hunc ego hominem ex iure Quiritium meum esse aio isque mihi emptus esto hoc aere aeneaque libra.”

Aes grave.

El adquirente golpeaba con el trozo de cobre la balanza, lo entregaba en pago y, con su declaración unilateral se formalizaba el contrato. La cosa debía estar presente, y era asimismo necesario que el comprador la tomase en sus manos si era mueble. El trozo de cobre, el aes rude, servía de precio en la época en la que no existía la moneda acuñada, pecunia numerata. A finales de la República se solía redactar un documento escrito, que se firmaba por ambas partes y por los testigos, como medio probatorio, si bien si se demostrase que se habían omitido palabras o parte de la ceremonia ritual el documento carecía de todo valor.

La amonedación romana comenzó oficialmente en el año 289 a.C., cuando se crea la magistratura de los triunviri monetales, estableciéndose la Casa de Moneda en el monte Capitolino, en el templo de Juno Moneta. En el año 211 a.C., y debido principalmente al comienzo de la expansión romana por el Mediterráneo, se creó la moneda de plata romana, el denario, que fue el pilar de la economía romana hasta el siglo III de nuestra Era.

Bibliografía
DÍAZ FRANCISCO, F.E., Breve Historia de Roma, Vol. I., Dykinson, 1991.
FERNÁNDEZ URIEL, P., y MAÑAS ROMERO, I., La civilización romana, UNED, 2013.
Compartir en Google Bookmarks Compartir en Meneame enviar a reddit compartir en Tuenti